
A la edad de 7 años me gustaba correr en el patio trasero de la casa de mis padres, donde había muchos árboles de gran tamaño. A mi padre le gustaba sembrar árboles frutales y cosechar hortalizas. Recuerdo perfectamente que al final del patio había un árbol de jocotes, uno de marañón, uno de guayabas y allí también estaba mi árbol preferido, el más alto e imponente árbol de mangos que mis ojos de niño disfrutaban observar; cuyas ramas albergaban algunas enredaderas de güisquil, de loroco y de pashte (luffa o estropajo).

Antes de asistir a Kindergarten yo ya había aprendido a leer, aunque parezca difícil de creer, así fue. Mi madre tenía un negocio donde se vendían toda clase de libros y revistas. Que incluían una gran variedad de temas. Amor, Ficción, Romance, Documentales, Historia, Política, Naturaleza, Ciencia y toda clase de fotonovelas, que me permitían adentrarme en un mundo lleno de fantasía, emoción o conocimiento.
El viento frio de la mañana se movía suavemente en todas direcciones abrazando el cuerpo de alondra, que se estremecía al sentir el contacto del viento con su piel, provocándole escalofríos. El canto de los pájaros se escuchaba en el ambiente y los primeros rayos del sol golpearon el rostro de Alondra lastimando sus ojos cerrados; obligándola a abrir sus parpados adormecidos entre pequeñas gotitas de agua salada que aún permanecían entre sus ojos después de haber derramado muchas lágrimas.
Al leer el titulo de esta publicación, puede ser que se enfoquen en el aspecto empresarial, académico o económico y llegar a suponer que van a leer sobre como alcanzar el éxito y la prosperidad en los diferentes proyectos que hayan emprendido.
Sintiéndose desprotegida, humillada, sufriendo un intenso dolor físico y emocional, Alondra se quedó tirada en el suelo toda la noche, llorando su desafortunada situación, mientras todo su ser anhelaba el calor de la casa de su padre y los brazos de Hilda que siempre la reconfortaban a través del amor que le deban.
Con una sonrisa en los labios despertaba Alondra, enamorada por primera vez, sintiendo que su pecho ardía de felicidad. La noche anterior había sido muy emotiva. Su voz había cautivado al público de Jutiapa que le aplaudió cada una de sus interpretaciones.
Sentir que el aire me falta, como me falta el tono de tu voz desata el miedo en mi interior. La inquietud de haberte perdido tan repentinamente ha doblegado mis fuerzas, invadiendo mi pecho con dolor. ¡No puedo respirar! Porque mis lagrimas cierran mi garganta y ahogan mis sentidos enloquecidos por tu recuerdo.
Alondra se acostó a dormir esa madrugada con una sonrisa en sus labios y gozo en su corazón. La satisfacción que sentía por haber ganado el concurso de canto aceleraba sus pensamientos al recordar como el público le aplaudió con admiración y la ovaciono demostrándole respeto. Alondra continuó despierta observando la luna a través de la ventana de la cabina del camión hasta que el cansancio la venció obligándola a quedarse profundamente dormida.