LA ALONDRA DE ORIENTE. (Parte XIII)

Sintiéndose desprotegida, humillada, sufriendo un intenso dolor físico y emocional, Alondra se quedó tirada en el suelo toda la noche, llorando su desafortunada situación, mientras todo su ser anhelaba el calor de la casa de su padre y los brazos de Hilda que siempre la reconfortaban a través del amor que le deban.

La luz de un rayo de sol que se filtraba por un agujero en el techo golpeo la cara de Alondra, obligándola a abrir sus ojos, su rostro demacrado y los moretones en sus piernas y hombros eras fieles testigos de la pesadilla que había vivido la noche de su boda.  Alondra tenía las piernas adormecidas y el cuerpo frio por haberse quedado durmiendo en el suelo.  Con gran esfuerzo se puso de pie y su nariz percibió el aroma de café recién preparado.  De repente su corazón comenzó a latir aceleradamente cuando escucho la voz de Saul, “Buenos días pajarillo.  Ya preparé el desayuno.  Mi madre nos trajo pan, queso y tortillas calientes.  Ven a comer, necesitas estar fuerte y bella; porque esta tarde vas a cantar en una boda.  Ya cobré por adelantado.  Mañana vamos a ir a conversar con un amigo que tiene un club nocturno, mi amigo te dejara cantar tres veces a la semana, ya verás que vamos a hacer mucho dinero y pronto podremos poner nuestro propio club donde tú serás la estrella.”

El cerebro de Alondra no podía procesar lo que sus humedecidos ojos estaban viendo, Saul estaba frente a ella, sonriente, muy amable y hablando como si nada malo hubiera ocurrido.  Alondra suspiro profundamente y luego con voz temblorosa dijo, “Yo no voy a trabajar en una cantina.”

Saul se quedó callado al escuchar lo que Alondra dijo, levanto la cabeza para mirar directamente a los ojos de Alondra con frialdad y de forma intensa, “No es una cantina, es un club nocturno.  Yo soy tu esposo y se lo que es mejor para ti.  Ve a bañarte y luego regresa a comer.  Porque todo se hará como yo digo.”

Alondra sintió que los ojos de Saul la miraban de forma fría, persistente y con rudeza, al grado de paralizar los movimientos de su cuerpo y su voluntad.  Con la voz quebrantada por el miedo, Alondra balbuceó casi inaudiblemente, “¿Dónde me puedo bañar?”

Saul le indico que tenía que bañarse en la casa de sus padres pero que no podía hablar con nadie.  A partir de ese día Saul se encargó de buscar contratos para que Alondra cantara en diferentes lugares. No permitía que Alondra visitara a su familia.  Cuando Hilda o Manuel la visitaban siempre estaba presente y nunca la dejaba a solas con ellos.  Desde la noche de bodas, Saul no volvió a tener intimidad con Alondra.  Saul era el esposo perfecto durante el día.  Siempre la trataba con mucho respeto y amor delante de la gente.  Pero al llegar la noche en la oscuridad de su habitación se volvía tosco, áspero, cruel con sus palabras y actitudes.

Alondra siguió cantando hasta que su embarazo no le permitió seguir trabajando. Cuando llego el día del parto, Saul estuvo con Alondra todo el tiempo, parecía un hombre preocupado por la salud de su esposa, en todo momento la reconforto con palabras y actitudes amables.  Alondra dio a luz una hermosa bebe a la que llamaron Irene. 

Un mes después del nacimiento de Irene, Saul le dijo a Alondra que ya era el momento de comenzar a cantar otra vez.  También le comento que la había inscrito en un concurso a nivel nacional donde el ganador del primer lugar tendría la oportunidad de grabar un disco.

Al escuchar lo que Saul decía, Alondra lo interrumpió hablando con potente voz y actitud desafiante, “Yo no volveré a cantar en ninguna cantina, tampoco en ningún club nocturno.  Yo no voy a participar en ese concurso de canto.  Nadie me va a impedir que yo cuide de mi hija, porque no me quiero separar de ella.  Y no voy a permitir que me trates mal.  Si me haces daño, me largo de aquí.”

Saul se desconcertó por la actitud de Alondra.  Esa era la primera vez que ella le hablaba de esa forma.  Sin decir nada Saul se dio la vuelta y se fue a la calle.  Ocho meses transcurrieron después de esa platica, durante los cuales Saul y Alondra mantuvieron una relación tensa a pesar de que Saul se mostraba cariñoso, amable, actuando como cuando ellos fueron novios.  Siempre atento, pero sin dejar de insistir para que Alondra volviera a cantar.

Desesperado porque no encontraba la manera adecuada para hacer que Alondra volviera a cantar, Saul se fue una noche a jugar barajas con sus amigos.  Después de varias horas de juego y consumo de alcohol Saul se despidió de sus amigos y comenzó a caminar de regreso a su casa.  Como todavía vivía en la casa de sus padres, obligadamente paso enfrente de la vieja casona conocida como, La Casa Del Sombrerón.  Justo en ese momento la vieja puerta de madera se abrió y Saul escucho que lo llamaron.  Entonces entro a la casa, camino hacia el patio donde una hoguera encendida con grandes llamas de fuego, ardía al aire libre de la noche.  Detrás de la hoguera una sombra pequeña oscura y malévola le hablo, “La niña es la fortaleza de Alondra.  Esa pequeña es el impedimento a tus deseos de ganar más dinero.  Irene es el obstáculo que te impide doblegar la voluntad de Alondra.  Ve a tu casa.  Saca a Alondra de tu cuarto y deja a la niña sola en la cama.”

Los ojos de Saul reflejaban las llamas de fuego. Sus labios dibujaron una sonrisa siniestra.  Luego simplemente salió de la casona y se fue a su casa.  Cuando llego, atravesó el patio hasta llegar al cuarto donde estaba Alondra con su hija.  Saul golpeo suavemente la puerta.  Pensando que tal vez era su suegra quien estaba afuera, Alondra se levantó de la cama y abrió la puerta.  Al ver que era Saul, Alondra le pregunto qué porque no había abierto la puerta con su llave. Saul le dijo que se había peleado con alguien y que le habían golpeado las costillas por lo que necesitaba ayuda.  Alondra salió del cuarto y mientras Saul se apoyaba de su brazo fingiendo que no podía caminar bien, se escuchó adentro del cuarto un fuerte golpe.  Irene grito y luego todo quedo en silencio.

 Instintivamente Alondra soltó a Saul y corrió hacia la cama.  Irene estaba tirada boca abajo sobre el suelo.  Cuando alondra la levanto, la carita de Irene estaba cubierta en sangre.  Alondra salió corriendo hacia el hospital.  Al llegar a la emergencia del hospital, las enfermeras inmediatamente comenzaron a atender a la pequeña.  después de varios minutos de estar viviendo en agonía por lo sucedido.  Un doctor llevo a Alondra a la habitación donde estaba Irene.  La pequeña estaba envuelta en una sábana blanca.  Con tono triste el doctor dijo, “Tiene la nariz completamente destrozada, con el golpe que recibió uno de sus pulmones colapso y el otro lentamente está dejando de funcionar.  Lo siento mucho pero no hay nada que podamos hacer, únicamente esperar a que deje de respirar.”

Alondra camino de forma autómata.  Tomo a Irene en sus brazos.  Se sentó en la orilla de la cama.  Con movimientos arrulladores comenzó a mecer a la pequeña.   Sus lágrimas humedecían el cuerpecito de Irene.  Alondra podía sentir como se estremecía el cuerpecito de su hija cada vez que intentaba respirar por la falta de oxígeno.  Con los dedos de su mano derecha alondra acariciaba la carita de Irene, mientras segundo a segundo el reloj acercaba la hora de su muerte.  Alondra comenzó a cantarle suavemente, sintiendo que su corazón se desgarraba por dentro cada vez que Irene intentaba respirar.  Llena de dolor y cansancio Alondra comenzó a suplicar para que el tormento de su hija terminara. 

El mar de llanto que brotaba de los ojos de Alondra fue opacado por sus gritos desgarradores llenos de sufrimiento, mientras besaba las mejillas de su pequeña.  Irene abrió sus ojitos ya casi sin luz propia y por primera y última vez balbuceó, “Mamá”.  Luego quedo inerte entre los brazos de Alondra.  Como pez fuera del agua se extinguió su vida al no poder respirar.  Alondra la apretó fuertemente contra su pecho sintiendo que su propia vida se extinguía junto a Irene, luego se arrodillo en el suelo para seguir llorando inconsolablemente.

 

CONTINUARA…

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