
Sentado sobre una mesa vacía, sosteniendo en mi mano derecha un bolsito lleno de monedas, con la mirada fija sobre la rockola de la única cantina que había en mi barrio. Pensaba en…, ¿Cuál sería la próxima canción que seleccionaría para escuchar? Mientras mi corazón se agitaba y la sangre de mis venas enardecía al compás de la música. Tenía aproximadamente nueve años y no conocía la palabra vergüenza. Así que sin importar lo que los borrachos dijeran, yo cantaba a todo pulmón siguiendo las notas musicales de la canción que sonaba en ese momento.


Durante el mes de septiembre no he realizado publicaciones semanales con la frecuencia que acostumbro a hacerlo, debido a que he estado visitando a diferentes personas que me lo han solicitado por la necesidad que tienen de ser escuchadas y expresar sus sentimientos sin temor a ser juzgadas o criticadas.
La expresión, “LA VIDA ES UN SUEÑO”. Puede tener diversos conceptos que la definan o formas de expresión que ejemplifiquen el sentir de las personas al referirse a un estado emocional especifico en un determinado lapso de su vida.

Mientras cenamos celebrando los veintiún años de mi hija Amy, en medio de conversaciones llenas de risas; ella me pregunta, “¿Como ha sido para ti vernos crecer? Quiero saberlo porque hoy ya cumplí 21 años.” Yo le respondí, “Si te doy la respuesta en este instante, vas a comenzar a llorar. Entonces nos comenzamos a reír y seguimos comiendo.
La biblia no menciona que edad tenía Jose cuando se casó con Maria. Tampoco cuando nació Jesus. Ni siquiera menciona la edad que tenía cuando murió. De hecho, se escribió muy poco de Jose a pesar de que su presencia como esposo, cabeza de familia y padre putativo de Jesucristo fue trascendental en los planes de Dios.
Es muy común escuchar que las palabras se las lleva el viento, pero las acciones se quedan tatuadas en muchas ocasiones aun en el alma. Si no cuidamos nuestra forma de hablar, actuar o pensar cuando interactuamos con las personas que amamos podemos ocasionar heridas que permanecen abiertas como carne viva abrazada por el calor del fuego o martirizada por la sal de la amargura que corroe el corazón de quien ha sido victimizado consciente o inconscientemente por nosotros mismos, que somos las personas a quienes ellos también aman.
Es una utopía aspirar a la felicidad eterna en un mundo mortal donde la imperfección traza y define los esquemas de un matrimonio ideal; a menos que se esté dispuesto a respetar, perdonar, amar sin límites y perseverar día a día, sin perder el enfoque que nos ha llevado a establecer una unión de común acuerdo; mientras caminamos enfrentando desafíos en el camino de la vida. Aprendiendo a vivir y disfrutar cada instante que pasemos junto a la persona amada. Fortaleciendo toda cualidad o aspecto que nos haya enseñado a AMAR.
Hay ocasiones en que amar duele… Duele en el alma. Ese dolor se siente en el corazón y provoca dolor físicamente en el cuerpo. Duelen cada una de las partes internas de los órganos que nos hacen sensibles a las emociones. Duele tanto que al expresarlo con llanto, nuestras lagrimas se vuelven amargas. Especialmente cuando no somos auténticos para dar o recibir AMOR.