Probablemente hemos escuchado en alguna ocasión que el mundo es muy pequeño y como es redondo tarde o temprano volveremos a reencontrarnos con personas a las que no hemos visto en mucho tiempo por casualidad o coincidencias del destino. Alicia vivió en el mismo barrio que Eduardo, fue vecina de sus padres y muy amiga de la madre de Eduardo. Aunque Eduardo sabía que Alicia tenía una hija, nunca tuvo la oportunidad de conocerla, porque Alicia y su esposo vendieron su casa y se mudaron de ciudad meses después de que nació Nora. Sin embargo, Alicia se había mantenido en contacto con la madre de Eduardo, pero siempre llegaba sola cada vez que los visitaba. Aproximadamente, habían pasado más de cinco años desde la última vez que Eduardo vio a Alicia, por eso el asombro de Eduardo al reencontrarse con ella fue abrumante para él. Especialmente porque se trataba de la madre de Nora, que físicamente era idéntica a Ana y resultaba imposible que Alicia no lo supiera, porque la madre de Eduardo le había mandado fotos de su boda con Ana, después de que Ana murió.
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La expectativa de poder hacer algo maravilloso en nuestras vidas, nos llena de tanta emoción que resulta difícil mantener nuestras funciones corporales con normalidad. La noche anterior Nora se había mantenido despierta hasta la madrugada. Luego el cansancio la venció, obligándola a quedarse dormida involuntariamente con la imagen del rostro de Eduardo en su mente. Al día siguiente Nora seguía durmiendo en su cama manteniendo una respiración apacible, mientras el sonido del viento se escuchaba golpeándose contra el techo de la casa, las gotas de lluvia caían paulatinamente sobre el suelo. Así, con el sonido de la lluvia poco a poco Nora fue despertándose esa mañana.
Como duele respirar cuando la tristeza oprime el corazón, especialmente cuando el dolor se engrandece adentro de nuestro pecho, limitando el espacio disponible para que nuestros pulmones trabajen correctamente. Con movimientos pausados Eduardo trataba de abrir los ojos, cegado por la intensidad del foco que iluminaba la habitación. Poco a poco sus pupilas se fueron acostumbrando a la luz y su cerebro comenzó a coordinar las imágenes que recibía a través de sus ojos. Eduardo reconoció que estaba en la enfermería de la universidad.
NADIE MUERE EN VISPERAS DE NAVIDAD!!!
El tiempo no perdona, ya que implacablemente la tierra sigue girando sobre su eje cada día, mientras avanza en su imparable movimiento alrededor del sol. Los segundos se combinan hasta ser minutos. Los minutos se entrelazan uno detrás del otro hasta convertirse en horas. Las horas juguetean entre el día y la noche formando semanas que, plasmadas en el calendario de la vida, se convierten en meses hasta diluirse entre las agujas del reloj año tras año.
La oscuridad, el silencio y la inconciencia habitaban el cerebro de Susana hasta que lentamente sus ojos se fueron abriendo. Pulsaciones estridentes golpeaban sus sentidos, mientras despertaba a la dolorosa e inesperada realidad de saber que Ana había fallecido. La noticia fue tan impactante que Susana se desmayó en el mismo instante que vio el cuerpo de Ana a través de la ventana de la habitación donde estaba en la clínica. Los latidos de su corazón se podían escuchar a un metro de distancia por la fuerza con que golpeaban su pecho. Las lágrimas de sus ojos brotaban incontenibles. Y Una pregunta flotaba sobre su nebulosa mente, ¿Cuántas veces puede el corazón de una madre sufrir la pérdida de un hijo antes de quebrarse definitivamente?…
Las palabras del doctor provocaron una reacción química de acidez que carcomía las entrañas de Susana al mismo tiempo que disipaba todo su calor corporal. Sus piernas comenzaron a temblar y sus labios se tornaron blancos y fríos como el hielo.
Sumergido en la inmensidad de la incertidumbre. Tratando de encontrar una explicasion del ¿Por qué? Me siento tan inutilizado, olvidado y frustrado frente a un mundo que me sofoca hasta hacerme sentir perdido en mi soledad…
Ana sujetaba fuertemente el lápiz, mientras la hoja de su examen caía al suelo, le faltaban dos preguntas por responder, pero no podía evitar retorcerse de dolor. Su vientre se había endurecido sintiendo como si un calambre recorriera la parte baja de sus caderas, presionando su espalda, provocando un aumentando en la intensidad del dolor que estaba experimentado y que la fue envolviendo de forma terrible e inexplicable. Sintiendo que sus huesos se partían en su interior dejo escapar un grito resonante que paralizo la actividad total dentro del salón de clases.
Con paso lento y sin saber hacia dónde ir, Eduardo caminaba con la tristeza aprisionada dentro de su pecho. Sus pensamientos no coordinaban sus pasos ya que el sabía que no podía pedirle ayuda a ninguno de sus amigos. Sin embargo, su cerebro instintivamente comenzó a guiarlo hacia la casa de Susana. El camino era largo y las sombras de la noche comenzaron a aparecer por todos lados. Eduardo camino por cuatro horas hasta que sin darse cuenta estaba parado frente a la puerta de la casa de Susana. Quería tocar y pedir que le permitieran entrar, pero no se atrevió a hacerlo. Eduardo tenía miedo al rechazo por parte de Susana. También se sentía avergonzado por no tener nada que ofrecer. Sintiendo pena por si mismo, se dejó abatir por el sentimiento de impotencia que había arrastrado entre sus pies, desde que salió de la casa de sus padres como una pesada carga. Sintiendo que no tenía esperanza alguna de obtener la aprobación de sus padres para casarse con Ana, lentamente se fue deslizando sobre su espalda repesado en la puerta hasta quedarse dormido sobre el suelo abrazado a su mochila escolar.