COLORES DE OTOÑO EN PRIMAVERA (PARTE VIII)

OTONO-56Las palabras del doctor provocaron una reacción química de acidez que carcomía las entrañas de Susana al mismo tiempo que disipaba todo su calor corporal.  Sus piernas comenzaron a temblar y sus labios se tornaron blancos y fríos como el hielo.

“Lo siento mucho, pero Ana no podrá regresar a casa con ustedes.  También he ordenado que se les realicen pruebas de covid-19 a Eduardo y a usted Susana.” Dijo el doctor, pero sus palabras rebotaron en el vacío del silencio existente en el cerebro de Susana que continuaba estupefacta por la noticia.  Eduardo fue el primero en reaccionar, “Doctor, quiero ver a mi esposa antes de irme a casa.”

Con tono suave y entonación compasiva el doctor respondió, “Lo siento mucho, pero Ana se queda aislada, sin recibir visitas. Muy pronto vendrá la ambulancia para trasladarla al hospital.  Pero si ustedes lo prefirieren, yo puedo ofrecerles una habitación privada aquí en la clínica, con una ventana de vidrio por donde podrán verla.  Aunque no podrán acercarse a ella, si podrán venir a visitarla frecuentemente. También deben saber que será muy difícil que los escuche si intentan hablarle a través del vidrio.”

OTONO-48Con lágrimas en los ojos y el corazón adolorido Susana dijo, “Aceptamos la habitación privada, yo puedo pagar por ella.”

“Bien, entonces esperaremos los resultados de las pruebas que les vamos a practicar a ustedes para saber si no están contagiados y que se puedan regresar a su casa.  Ana será instalada en su habitación privada mañana por la tarde.  Así que, hasta mañana podrán verla a través de la ventana.” Dijo el doctor.

Los resultados de las pruebas de covid-19 que se les practicaron a Eduardo y Susana, salieron negativas.  Durante el viaje de regreso a casa ninguno de los dos dijo nada.  Por indicaciones del doctor Irene también tendría que practicarse la prueba de covid-19 lo antes posible, ya que se había quedado en casa de Susana cuidando de los gemelos.

La noche llego con oscuridad total, sin estrellas que iluminaran los cansados rostros de Susana y Eduardo.  Sus pensamientos divagaban entre la incertidumbre de no haber podido despedirse de Ana y su deseo de que se recuperara muy pronto.  Ninguno de los dos pudo dormir esa noche.  La luz del nuevo día comenzó a iluminar todo a su paso, brindando calor y luminosidad a todo lo que tocaba.  Contrastando con el frio y doloroso sentimiento de impotencia que Eduardo sentía al no poder hacer nada para cambiar la situación que estaban enfrentando.

Irene y Susana establecieron un horario para cuidar de los gemelos, dejando a Eduardo en libertad de poder estar cerca de Ana todo el tiempo que en la clínica se lo permitieran.  El tiempo transcurrió lentamente.  Parecía que el reloj se hubiera cansado de marcar las horas con rapidez y movía sus agujas con pesada lentitud, generando impaciencia y desesperación en Eduardo que anhelaba llegara el atardecer para poder visitar a Ana.   

OTONO-49Encerrada en su habitación y orando de rodillas frente a su cama, Susana elevaba su corazón y pensamientos al cielo; rogando porque los doctores encontraran la forma de recuperar la salud de Ana, cuando Eduardo toco a su puerta, “Susana, me voy a la clínica.  Necesito estar cerca de Ana.  Si no me dejan entrar, me quedare allí hasta que me permitan verla.”  Susana intento responder, pero su voz se quebró dentro de su garganta y sin poder resistir más, comenzó a llorar.  Al escuchar el llanto de Susana, Eduardo sintió como su propio corazón se comprimía dentro de su pecho.  Sin decir nada más, Eduardo se fue hacia la clínica.

Cuando Eduardo llego a la clínica, pregunto si ya podía visitar a su esposa.  La enfermera que lo atendió le dijo, “El doctor necesita conversar contigo antes de que puedas ver a tu esposa.  Quédate en la sala de espera un momento, el doctor ya viene.”  Eduardo sentía como todo su cuerpo era invadido por una corriente eléctrica que entorpecía sus movimientos.

 Eduardo estaba muy nervioso cuando el doctor se acercó a él, “Lamento decirte que la condición de Ana se complicó.  Durante la noche se agudizo la infección y sus pulmones colapsaron.  Ana está respirando de forma artificial.  La enfermedad se desarrolló rápidamente en su sistema respiratorio, ocasionando complicaciones severas e irrevertibles.  Aunque no estarás en contacto directo con ella, debes seguir todas las medidas de seguridad para poder verla a través de la ventana de su habitación.

OTONO-50Eduardo escuchaba y actuaba de forma automática, sin poder definir lo que estaba sintiendo.  Cuando llego a la habitación de Ana y la observo a través de la ventana, el impacto visual que recibió su sentido de la vista se trasladó instantáneamente a todo su sistema nervioso, provocándole un dolor intenso en lo más profundo de su corazón, sus ojos se llenaron de lágrimas, sus labios temblaban y sus pensamientos se nulificaron insensibilizando toda partícula emocional que pudiera colapsar su capacidad de asimilar el sufrimiento que estaba viviendo en ese instante.

Ana estaba entubada.  Su rostro pálido. Su cuerpo sin movimiento.  Parte de su cabello cayendo hacia atrás, colgando por un lado de la almohada.  Sus labios agrietados y sin el rojo vivo que le deba calor a través de su sangre.  Eduardo suspiro profundamente al percatarse del profundo silencio que lo separaba de Ana.  Coloco su mano sobre el vidrio que la mantenía aislada.  Deseando que el vidrio de la ventana se desvaneciera, sus dedos se deslizaron lentamente hacia abajo.  Sus ojos se inundaron de llanto opacando su visión, mientras su mano separada totalmente de la mano de Ana anhelaba poder sentir su calor.

Sus pensamientos lo llevaron al pasado y susurro a través de la ventana, “Ana, quisiera que tu mirada buscara la mía y me pusiera a temblar de emoción.  Pero al verte así, el dolor me traiciona y me obliga a cerrar mis ojos porque se desploma mi corazón.”

OTONO-55La luz de emergencia se encendió en ese instante.  El doctor y una enfermera ingresaron a la habitación.  El corazón de Ana se paralizo.  El doctor intento reanimarla de nuevo, pero no lo logro.  Eduardo observaba todo lo que estaba pasando a través de la ventana, sintiendo que a partir de ese momento le faltaría fuerza a su cuerpo para seguir viviendo solo.  En ese momento Eduardo estaba viviendo la pesadilla tráumante de observar como la luz de los ojos de Ana se extinguía para siempre. 

OTONO-52

Viviendo la impotencia de no poder acercarse a ella, su mente lo martirizaba con el recuerdo de su rostro grabado en sus manos de la última vez que pudo tocarla. Y mientras el doctor le desconectaba los tubos y cables; Eduardo levanto su mano temblorosa, coloco dos dedos sobre sus labios y le envió un beso, mientras con la voz ahogada por el llanto le dijo suavemente desde lo más profundo de su corazón, “TE AMO”.

OTONO-53Sorpresivamente en un último intento de expresar lo que sentía, la adrenalina de su cuerpo se encendió y tratando de que Ana lo escuchara grito con mucha potencia, “¡Ana, espérame a la entrada del cielo como si fuera la entrada del colegio, porque cuando el tiempo pase y me toque volar hacia ti, sabrás que siempre estuviste unida a mí, porque TE AMO!”  Seguidamente se desplomo sobre el suelo y se quedó llorando amargamente en una posición fetal.

CONTINUARA…

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