No tenía ninguna idea de cómo podría escaparme de la habitación, porque todos estábamos en el mismo cuarto. Yo sabía que ya era de noche porque, aunque el cuarto no tenía ventanas; ya estaba oscuro cuando nosotros nos fuimos a dormir. Esa noche yo tenía mucha hambre debido a que no quise comer lo suficiente, porque tenía miedo de comer la comida que preparaba doña Lola. Poco a poco comencé a ponerme nervioso. Yo no quería que Pepe pasara a despedirse de doña Lola y yo no estar afuera del cuarto para poder seguirlo. Como no tenía un reloj y no quería preguntar la hora para no despertar sospechas, se me ocurrió decirle a mi hermana, “¿Podemos apagar la vela que dejaste encendida por si llegara a ocurrir un apagón? La luz de la vela no me deja dormir.”
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