LAS GALLINAS DE PEPE (Parte III)

Yo corrí sin parar hasta llegar al cuarto donde estábamos hospedados, mi hermana comenzó a reírse de mi porque aún llevaba espuma en mi cabeza y sin dejarme decir ninguna palabra me sujeto del brazo y me llevo de regreso hacia la pila donde utilizando una palangana comenzó a echarme agua por montones diciéndome, “Esto es para que se te quite el miedo al agua y aprendas a bañarte”.

Doña Lola seguía colando los frijoles y al ver lo que sucedía se puso a reír a carcajadas, y dirigiendo la mirada hacia mi hermana le dijo, “Voz muchacha, les estoy preparando una gallina para esta noche en la cena, la voy a poner a dorar en las brasas, tu marido ya me pago por la cena”

Mi hermana no respondió y doña Lola siguió hablando, “La gallina se la compre a mi amigo Pepe.  Él es Sacristán de la iglesia y siempre tiene las mejores gallinas del pueblo.  Pepe vende las mejores gallinas del pueblo; esas gallinas están muy gordas porque las cría cerca del rio en un pequeño valle a donde Pepe viaja cada dos días.  Cuando regresa Pepe del valle, yo me apresuro a comprar las más grandes y gordas de todas las gallinas que trae para vender.

Después de escuchar a doña Lola mi hermana pregunto con actitud curiosa, “¿Usted cree que su amigo Pepe me podría vender dos gallinas? Yo me voy el sábado y me gustaría llevarme dos gallinas para cocinarlas en mi casa”

“Voz, muchacha tenes suerte”, respondió doña Lola.  “Hoy por la nochecita Pepe sale de viaje hacia su granja el camina toda la noche para que nadie lo pueda seguir y así nadie sepa dónde está la granja y nadie le pueda robar sus gallinas.  Pepe siempre pasa a despedirse de mi como a las nueve de la noche antes de partir, así que le voy a encargar las dos gallinas que voz queres”. 

Mi hermana le dio las gracias a doña Lola y se fue, yo me quede unos segundos más parado a un lado de la pila.  Tiempo que doña Lola utilizo para hablarme acercando su cara redonda hacia mí.  Luego comenzó a mover sus ojos de forma desorbitada, mientras me decía, “A veces los patojos huesudos como voz, tienen mejor sabor que las gallinas gordas que vende Pepe”.

Sin proponérmelo respiré profundamente y salí corriendo hacia el cuarto donde estábamos hospedados, mi mente comenzó a divagar en medio de imágenes ficticias que yo inventaba en donde veía claramente a doña Lola mordiéndome los brazos y masticando mi carne.  Cuando entre en la habitación, me cambie rápidamente y no dije nada.  Tampoco comí mi almuerzo diciendo que todavía me dolía el estómago debido a lo mucho que había vomitado. 

La tarde paso lentamente, mientras mi hermana dormía con mi sobrinita en su cama, yo simplemente trataba de borrar las imágenes que tenía en mi mente, pensando que doña Lola no podría comerse a una persona de verdad.  Las horas pasaron y comencé a aburrirme.  De repente escuche los gritos de doña Lola diciendo que la cena estaba lista.  De inmediato recordé que para la cena comeríamos gallina y decidí que tampoco tenía hambre. 

Cuando mi cuñado regreso a la casa todos fuimos al comedor, y para mi suerte había varios panes sobre la mesa en una canasta plástica.  El olor de los panes era muy agradable a mi sentido del olfato y después de decir que no tenía mucha hambre, tome dos panes de la canasta, le dije a mi hermana que comería en el patio porque en el comedor había demasiado calor.  Mi hermana me miro y dijo, “Llévate una tasa de chocolate para que te comas los panes” Yo me apresure y salí del comedor. Me dirigí hacia el patio trasero, me senté sobre una piedra grande y comencé a comerme el primer pan.  Entonces escuche unos ruidos fuertes provenientes del patio.  Me puse de pie y comencé a observar todo el alrededor, pero no veía nada.  Las hojas de los árboles estaban totalmente quietas.  Había muchas sombras producidas por las ramas de los árboles, que se reflejaban sobre el suelo debido a la luz de la luna.  La parte más lejana del patio estaba totalmente a oscuras, porque la lampara que estaba casi arriba de mi cabeza no era muy fuerte para alumbrar todo el patio.

Los ruidos en el fondo del patio se hicieron mucho más fuertes, captando totalmente mi atención. Parecía como si una gallina estuviera aleteando con fuerza o dando vueltas sobre el suelo. De repente una sombra comenzó a moverse en dirección hacia mí, yo quise salir corriendo, pero las piernas no me respondieron.  Conforme la sombra se alejaba de la oscuridad y se acercaba a la luz pude distinguir claramente que se trataba de una persona.  Yo me llene de miedo y mis piernas temblaban, al ver salir de la oscuridad a un hombre gordo, vestido con una túnica oscura, no tenía pelo, su cara era redonda, con mucha gordura en el cuello y las mejillas, la expresión de sus ojos era de enojo, caminaba lento y se veía agitado por lo que llevaba la boca abierta dejando ver que le faltaban algunos dientes.

Cuando se detuvo frente a mí, yo solté los panes que cayeron al suelo.  Estaba impresionado por su altura y su desagradable olor como de animal muerto.  Por un momento sentí que me iba a hacer daño, pero mi hermana salió en ese momento y me pregunto, “¿Ya comiste? ¿Estás seguro de que no quieres comer gallina?”

En ese momento el misterioso hombre Hablo, “¿Esta aquí doña Lola?”.  El sonido de su voz era muy grave y profunda como si proveniera desde el fondo de un agujero muy grande. Mi hermana le respondió, “Si se fue a la cocina”.  Entonces el hombre dijo, “Yo me llamo Pepe, y estoy aquí porque alguien quiere encargar dos gallinas para el sábado, y porque siempre vengo a saludar a doña Lola cada vez que voy a buscar las gallinas” Luego sin esperar respuesta comenzó a caminar hacia la cocina donde estaba doña Lola.

Yo me sorprendí de que mi hermana no dijera nada acerca del apestoso olor que Pepe tenía. Pero si me dijo, “Que tonto, ya tiraste los panes al suelo, ahora te los vas a comer con tierra porque no hay más panes” mientras me jalaba el pelo y después simplemente se regresó al comedor.

Yo recogí los panes, dejé la taza de chocolate sobre la piedra donde había estado sentado y comencé a caminar hacia la cocina.  Cuando llegue me acerque lentamente a una de las ventanas. Me subí en un trozo de madera que estaba allí para observar hacia adentro.  Lo primero que vi fueron las llamas de fuego que salían debajo del comal donde cocinaban las tortillas.  Luego me estiré un poco más parándome sobre la punta de mis zapatos en el trozo de madera y lo que vi hizo que mis ojos se abrieran enormemente…

 

CONTINUARA…

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