LAS GALLINAS DE PEPE (Parte VII)

Yo sabía que ese grito provenía de alguna de las cuatro puertas que tenía frente a mí, así que instintivamente me acerque hacia la baranda de hierro y mire hacia abajo, tratando de encontrar otra manera de salir de donde estaba.  Lo que mis ojos encontraron fue que en el siguiente nivel hacia abajo estaba el comedor, perfectamente iluminado por un candelabro antiguo de velas.  Allí había una mesa muy larga con canastas de pan recién horneado y varias tazas llenas con chocolate caliente. 

 

También tenía 12 sillas donde estaban sentados 12 jóvenes. Que no se movían parecía que estaban de alguna manera paralizados, porque solo movían la cabeza, cada vez que recibían un pedazo de pan en la boca.  El pan se los estaba dando tres hombres altos vestidos con túnicas oscuras como la que usaba Pepe.  Los hombres caminaban alrededor de la mesa mientras partían los panes en pedazos pequeños que luego los ponían en la boca de los jóvenes y de vez en cuando les daban a tomar un poco de chocolate caliente que al parecer les quemaba la boca, debido a los gestos de dolor que expresaban cada vez que les ponían la taza en la boca para que se lo tomaran.  Ninguno decía nada todo lo hacían en silencio.  Las velas del candelabro reflejaban las sombras de todos sobre las paredes del comedor, pero ninguna sombra tenía forma de humano, todas las sombras que se reflejaban eran de gallinas gigantes sentadas sobre las sillas y gallinas normales caminando alrededor de la mesa.

Al observar lo extraño de esa escena, yo retrocedí hacia las puertas y como algo inusual en mí, no tuve miedo de abrir la primera puerta.   Después de abrir la primera puerta y mirar hacia adentro de la habitación descubrí a ¡LA LLORONA!, estaba colgando de cabeza, sujetada por una cuerda gruesa de los pies que la amarraba en una viga del techo, con su pelo color gris extendido hacia abajo.  Sus brazos al igual que su pelo también estaban extendidos hacia abajo, pero tenían varias cortadas en forma vertical que sangraban desde sus hombros hasta sus dedos.  La sangre que salía de sus brazos caía sobre una palangana grande de color negro.  Alrededor de la mujer que yo pensaba era La Llorona, había muchos espejos grandes colocados verticalmente sobre pedestales formando un círculo que mantenía en su centro a La Llorona.  Ella tenía los ojos cerrados y toda su cara estaba pintada de rojo, su cuerpo estaba cubierto de plumas blancas y sus manos solo tenían tres dedos largos cubiertos de escamas.  De repente ella abrió sus ojos y al mirar su imagen reflejada en los espejos emitió un grito aterrador y escalofriante que hizo vibrar las paredes del cuarto donde estábamos.  En ese momento mi reacción normal debió haber sido salir corriendo, pero un extraño calor que envolvió mi cuerpo me hizo sentir tranquilo, también me sentía fuerte y aún más extraño fue ese sentimiento de que podía volar que otra vez regreso a mi mente.  Entonces comencé a empujar uno por uno los espejos que al caerse de sus pedestales se quebraban en pedazos, la llorona al escuchar el ruido que los espejos producían al quebrarse abrió los ojos y me miro de una forma inquietante porque su mirada estaba perdida en el entorno, sin dirección fija y me pareció que la fuerza de su mirar era hipnotizante.  Yo me mantuve retirado de ella, pero sin embargo subiéndome sobre uno de los pedestales salte de forma impresionante, como si estuviera volando hacia la viga donde estaba amarrada y luego con mis manos de niño y sin mucho esfuerzo revente la cuerda que la sujetaba de los pies.  La Llorona al caer al suelo, inmediatamente se desamarro los pies y de forma frenética se abalanzo sobre la palangana que contenía su sangre y se la tomo casi toda.  Mientras ella se tomaba su propia sangre, las plumas de su cuerpo empezaron a desprenderse y en su lugar comenzaron a aparecer escamas de color verde y ante mis ojos se fue transformando en una enorme lagartija de cabeza plateada que se movió en dirección hacia donde yo estaba y por un breve instante me miro, luego con su enorme cola golpeo la ventana que estaba en esa habitación haciéndola más grande y salto hacia afuera.

Lo que estaba viviendo era una experiencia irracional, y lo más incongruente era esa valentía y fuerza que tenía en todo mi ser.  Después que La llorona se fue, yo baje de la viga de un solo salto y Sali de esa habitación, entonces camine hacia la siguiente puerta, estaba a punto de abrirla cuando escuche un ruido fuerte proveniente de la tercera puerta.  Así que con decisión caminé hacia ella y al abrirla me encontré con las gradas que descendían hacia el comedor, lo supe porque estaban levemente iluminadas con la luz que proveía de las velas del candelabro.  Rápidamente comencé a descender por las gradas y al llegar al comedor, los hombres ya no estaban, solamente los 12 jóvenes que seguían sentados en las sillas alrededor de la mesa.  Yo me acerque y todos voltearon su mirada hacia mí, el más alto de ellos hablo en ese instante, “Tú no eres un hermano de Pepe, ¿Quién Eres?”  Me sorprendió que su voz fuera tan normal y que, a pesar de estar paralizado, pudiera pensar y hablar como cualquier persona, “No, no soy su hermano, Pepe me trajo aquí metido en un costal”, le respondí, “Pepe me secuestro y estoy buscando la salida para escaparme.”

El Joven dijo, “Si tú no eres hermano de Pepe ¿Por qué hueles y te ves igual que ellos?  Yo no entendí su pregunta hasta que mire mi propia sombra reflejada en la pared, entonces exclame, “¿Por qué mi sombra es igual a la sombra de una gallina?

Entonces me respondió, “Yo me llamo Carlos.  Pepe nos secuestró a todos y a cada uno de nosotros nos trajo aquí metidos en un costal.  Nos dan de comer pan y chocolate que ellos mismos elaboran, nos alimentan y nos engordan para que poco a poco nos convirtamos en sus hermanos.  Con el tiempo Pepe nos arrancará el corazón y lo pondrá dentro de un corazón de vidrio que tiene en una de las habitaciones de arriba.  Allí guarda el corazón de todos.  Los coloca juntos para que todos hagamos siempre lo que él dice.  El corazón de Pepe también está metido allí.  Pepe dice que nosotros somos afortunados porque nos ha elegido para ser sus hermanos a otros niños que Pepe trae los obligan a comer pan con chocolate todo el día todos los días para que se engorden rápidamente y así se conviertan en gallinas que luego Pepe se lleva al pueblo y las vende”.

Yo le pregunte a Carlos, “¿Porque ustedes no han intentado escaparse?  ¿Por qué ustedes no pueden moverse?”

Los ojos de Carlos se llenaron de lágrimas y me respondió, “El pan y el chocolate que nos dan es lo que nos convierte en gallinas y es lo que nos inmoviliza también.  La única forma de poder movernos es que nos den a comer del maíz dorado; el mismo maíz que tú ya comiste.  Pero ninguno de nosotros sabe dónde lo esconde Pepe y además no podemos movernos.  Ese maíz les da a ellos la fuerza y el poder que tienen para hacer cosas sorprendentes.  Tú no puedes negar que comiste el maíz dorado, porque hueles a animal muerto por eso Pepe no ha descubierto que te has escapado de donde el seguramente te tenía encerrado.”

Yo me sorprendí con lo que Carlos dijo y le respondí, “Yo sé dónde está el maíz dorado, pero no he comido de ese maíz.  Yo comí tres granos de maíz que agarré de la cocina de doña Lola.  Mira aún tengo un poco de ese maíz en el bolsillo de mi pantalón.  ¿Si tú quieres, lo puedo compartir contigo?”

“No”, dijo Carlos, “Ese maíz no es dorado y solo funciona con humanos, nosotros tenemos mucho tiempo atrapados aquí y ya casi somos iguales a Pepe.  Pero tu aun no eres como nosotros por eso ese maíz te da fuerza y poder, pero nosotros necesitamos el maíz dorado para poder librarnos.  Si ya sabes donde Pepe oculta el maíz dorado ve y tráelo para que podamos ser libres.”

En ese momento supe que no podía escapar sin ayudar a Carlos y los otros jóvenes.

 

CONTINUARA…

 

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