AÑORANZA

El COVID- 19 es una mentira para algunas personas.  Pero para las personas que han sufrido la enfermedad o que han vivido la experiencia de perder a un ser querido “ES UNA REALIDAD” que nos está destruyendo física o emocionalmente.  Esta publicación cuenta brevemente una historia de amor interrumpida temporalmente por la cuarentena, después por la enfermedad, hasta convertirse en una separación permanente de la persona amada.

Recuerdo perfectamente el día que te conocí, lo primero que admiré de ti fue tu sonrisa.

Me mirabas de forma constante, que yo sentía tu mirada sobre de mi tratando de explorar mi interior.

Después de dudar un poco me senté junto a ti en el bus donde te conocí.

Tu seguías sonriendo y tu mirada picaresca comenzó a penetrar mi corazón, súbitamente extendiste tu brazo y me dijiste, “¿Quieres?”.  Abriendo tu mano me ofreciste una galleta, envuelta en papel de arroz.

“Yo no acostumbro a recibir nada de manos extrañas”, te respondí.  Lo cual provoco que tu risa sincera y alegre fluyera en el ambiente.

Luego de forma desafiante y coqueta te acercaste a mí.  Pusiste tu mano sobre la mía mientras te veías a ti misma reflejada en mis ojos para decirme, “Soy Ana”.

La sensualidad de tus labios rojos, el olor de tu perfume y lo rizado de tu cabello rubio trastornaron mis sentidos y “Te sonreí.”

Entonces el bus se detuvo.  Tú te pusiste de pie y sin dejar de mirarme acercaste la galleta a mi boca mientras con la otra mano acariciaste mi pelo diciéndome, “Ya te la puedes comer.  Ya sabes quién soy.”

 

Te veías muy hermosa vestida con el uniforme del mismo colegio donde yo estudiaba.  Cuando tu comenzaste a caminar hacia la salida del bus te grite, “Te espero mañana a la salida del colegio”.

Entonces detuviste tus pasos y giraste tu cabeza hacia mí.  Me miraste muy seria y dijiste, “No acostumbro a que me esperen extraños a la salida del colegio.”

“Me llamo Eduardo y estoy en el quinto grado” Te respondí.  Luego agregue, “Ahora ya sabes quién soy.”

Tu me guiñaste un ojo y colocando dos dedos sobre tus labios me enviaste un beso, para después bajar del bus mientras yo me quede allí enamorado de ti, ¡A Primera Vista!

Los años de escuela pasaron rápidos, nos graduamos, nos casamos, nuestro amor creció y floreció multiplicando tu esencia en nuestros hijos.

Cuantas veces discutimos y nos peleamos.  Pero siempre nos perdonamos.  No tuvimos una vida matrimonial perfecta.  Sin embargo, fuimos muy felices juntos porque nos amamos.

Hoy te veo y suspiro porque un profundo silencio nos separa.  Coloco mi mano sobre el vidrio que te aísla.  Mientras mis dedos se deslizan hacia abajo, mis ojos se inundan opacando mi visión y mi mano separada de la tuya anhela tu calor.

Quisiera que tu mirada buscara la mía y me pusiera a temblar de emoción, pero al verte cierro los ojos porque se desploma mi corazón.

No puedo decir con palabras lo que siento, porque tartamudeo recordando como tu aliento se desvaneció poco a poco por falta de respiración.

Le falta fuerza a mi cuerpo para vivir solo; desde que la luz de tus ojos se apagó.  Porque solo me queda el recuerdo de tu rostro grabado en mis manos de la última vez que pude tocarte.

Con mi mano temblando coloco dos dedos sobre mis labios y te envió un beso mientras repito desde lo más profundo de mi corazón, “TE AMO”.

Y girando mi cabeza te grito, “Espérame a la entrada del cielo como si fuera la entrada del colegio porque cuando el tiempo pase y me toque volar hacia ti, sabrás que siempre estuviste unida a mí, “ANA”.

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