LAS GALLINAS DE PEPE (Parte VI)

El ambiente era húmedo y frio.  Yo sentía dolor en todo mi cuerpo como si hubiera realizado una rutina completa de ejercicios de estiramiento corporal.  Yo quería abrir mis ojos, pero estaba tan cansado que no pude hacerlo.  Sin embargo, lentamente me iba despertando, pero aún me sentía con mucho sueño.  Mi corazón estaba agitado y una sensación extraña me advertía del peligro que había a mi alrededor.  En ese momento me parecía que había tenido una pesadilla horrible, mi cuerpo estaba sumamente pesado y no podía moverme con libertad.  

Con gran esfuerzo moví mi brazo derecho buscando mi cobija para disminuir el frio que sentía.  Pero mi mano no encontró mi cobija, solo pude palpar un suelo de ladrillos, lo supe porque los ladrillos no estaban colocados de forma uniforme; yo podía discernir la forma de los ladrillos al tocar con la punta de mis dedos la superficie.  Algunos ladrillos estaban sobresalidos del suelo.  Cuando pude abrir mis ojos completamente y mi cerebro comenzó a reaccionar, observé que una tenue luz iluminaba todo el interior del cuarto donde estaba.  Entonces entendí que no había sido una pesadilla, “Ese cuarto donde estaba no pertenecía a la casa de doña Lola”.   La realidad de mi situación llego bruscamente a mis sentidos, cuando encontré con la mirada una ventana. 

El cuarto de la casa de doña Lola no tenía ventanas.  Aun me costaba respirar y recordé que Pepe me había metido en un costal y después no supe nada más.  Entonces poco a poco me incorpore, yo no estaba amarrado, pero si atrapado en un cuarto rustico fabricado con ladrillos que no estaban colocados de forma uniforme, ya que cada dos ladrillos había uno que sobresalía de la pared como siguiendo un patrón establecido.  Instintivamente busque mi lampara, pero ya no la tenía.  Entonces busqué en las bolsas de mi pantalón y descubrí que Pepe no me había quitado la vela, los fósforos ni los granos de maíz. 

La ventana no estaba muy alta y si utilizaba los ladrillos que sobresalían en la pared como escalera podría intentar escapar a través de esa ventana.  En ese instante mi estomago comenzó a hacer ruidos, estaba sintiendo hambre; tal vez seria porque en el cuarto flotaba un exquisito olor a pan recién horneado como el pan que doña Lola colocaba sobe su mesa y que a mí me super gustaba comer.  En ese tiempo yo solo era un niño y no era muy valiente, así que no trato de justificar mi reacción, pero tenía hambre, tenía frio, estaba solo como consecuencia de mi desobediencia al salir de casa, comenzaba a desesperarme porque no sabía cuánto tiempo había pasado y tampoco sabía si mi hermana ya se había regresado a casa y me había dejado abandonado, porque yo no estaba en casa de doña Lola para poder irme con ella. 

Si, yo solo era un niño, así que no está mal que les cuente que comencé a llorar.  El olor de pan recién horneado comenzó a mezclarse con el olor de chocolate caliente y mi estomago comenzó a pedirme comida con más intensidad.  Mi madre mi había enseñado que, si alguna vez tenía hambre y pasaba cerca de un restaurante, un comedor o alguien que estuviera vendiendo comida y si yo no tenía dinero para comprar, que respirara profundamente el aroma que provenía de la comida y luego mordiera una tortilla, un pedazo de pan o masticara chicle imaginándome que estaba comiendo el mejor banquete que yo podría tener.  Así dejaría de sentir hambre porque engañaría a mi cerebro. 

Pero yo no tenía en ese instante ninguna tortilla, ni siquiera un chicle, pero si tenía los granos de maíz que había guardado en los bolsillos de mi pantalón entonces agarré tres granos de maíz y respirando profundamente ese agradable olor a pan recién horneado comencé a masticar los granos de maíz.  Mientras masticaba el maíz mi cuerpo se llenó de energía, recuperé el entusiasmo por escapar y me sentí fuerte, valiente y con la destreza suficiente para trepar la pared utilizando los ladrillos como escalera.  Sin mucho esfuerzo llegue hasta la ventana porque no estaba muy lejos del suelo. 

Al sacar la cabeza por la ventana, me encontré con un paisaje hermoso, la luz de la luna iluminaba todo, las hojas de los árboles destellaban cubiertas por pequeñas gotas de lluvia, se percibía un agradable olor a tierra mojada, había muchas flores que formaban un jardín multicolor perfumado con esencia de rosas.  Al fondo el rio corría impetuoso, impresionantemente grande y salvaje golpeando las rocas que se interponían en su camino, salpicaba todo su alrededor y proveyendo de agua a los árboles frutales que estaban en la orilla.  Al mirar hacia arriba las nubes flotaban como grandes bolas de algodón de azúcar, algunas eran blancas, otras celestes, verdes o amarillas.  Me daba la impresión de que si subía un poco más las podría tocar con mis manos. 

El lugar donde estaba parecía un castillo pintado todo de negro en su exterior con la particularidad de que muchos ladrillos sobresalían de sus paredes.  Era como si en su estructura de fabricación alguien hubiera querido asegurarse de poder caminar sobre sus paredes, porque al lado izquierdo de la ventana los ladrillos formaban un camino hacia abajo y hacia arriba del castillo.  Yo estaba feliz y tenía la plena seguridad de que podía volar, sentía que todo mi cuerpo se volvía ligero de peso por lo que si me lanzaba hacia afuera podría flotar sobre el viento.  Así que por convicción más que por fe salí del cuarto en donde estaba a través de la ventana, pero no intente volar si no que comencé a caminar sobre los ladrillos hacia arriba del castillo.  Las nubes de colores eran muy densas y cuando camine a través de ellas humedecieron mi cuerpo, como si una suave briza me abrazara en su interior.

Entonces yo camine hasta llegar al techo del castillo donde había una terraza a la cual salte sin ninguna dificultad.  Desde allí observe los alrededores del castillo.  Descubrí un puente viejo que estaba construido sobre las aguas del rio, mucha vegetación y arboles altísimos que contrastaban con lo árido del suelo del otro lado del rio; también observé un sendero que posiblemente era el camino de regreso al pueblo.  Ahora todo parecía tan fácil porque solo tendría que descender de la terraza donde estaba utilizando los ladrillos como escalera, luego caminar sobre ese puente viejo para atravesar el rio, después seguir el sendero que conducía de regreso al pueblo.

Si, hasta ese momento todo parecía tan fácil.  Pero de repente a mis odios llego el grito aterrador de la llorona que se escuchó tan cerca de mí, los gritos continuaron y recordando la leyenda pensé que si los gritos de la llorona se escuchan cerca significa que ella estaba lejos de mí, posiblemente en los alrededores del rio, así que comencé a explorar la terraza.  Y descubrí en una de las esquinas que el suelo era transparente porque estaba elaborado de vidrio puesto sobre vigas que parecían de metal pintadas de color rojo, formando una especie de contenedor que bajo mis pies estaba lleno de granos de maíz de color dorado.  Su color era tan intenso que parecían pequeños granos de oro. 

En esa esquina también había una torre como de tres metros de altura con una ventana casi al nivel del suelo de la terraza.  Yo comencé a poner presión sobre el vidrio con mi pie derecho, para asegurarme que no se quebraría si yo caminaba sobre de el para llegar a la ventana y así poder ver que había en el interior del castillo.  El vidrio era resistente así que no tuve problemas para caminar sobre de el y sin ninguna dificultad metí primero mi cabeza a través de la ventana.

Allí había una habitación iluminada tenuemente.  Había cuadros sobre las paredes como los que acostumbran a poner en las iglesias.  Una cama antigua sin colchón sobre la cual había una figura de yeso quebrada en pedazos, pero ordenada de tal forma que solo le faltaba la cabeza.  Yo la reconocí inmediatamente porque era igual a la que colgaba de la cruz en la iglesia del pueblo.  La poca luz que había provenía de dos velas encendidas.  También había vasos de cristal transparente llenos de agua y un plato grande con muchas monedas.  El espacio adentro del cuarto era muy reducido.  Al otro extremo de la ventana el cuarto tenía una puerta que estaba abierta.  Fue fácil discernir que ese cuarto era una especie de capilla o iglesia. 

Yo decidí saltar hacia el interior cayendo sobre la cama; algunas de las piezas de la figura de yeso se cayeron al suelo debido al movimiento brusco que yo provoqué al caer sobre la cama.  Luego rápidamente me dirigí a la puerta y al salir de ese cuarto me encontré con un pasillo cubierto con cortinas de tela color azul oscuro a ambos lados.   De frente a mi había una escalera de muchas gradas que comencé a caminar en forma descendente.  Después de haber bajado aproximadamente como 50 gradas lleguen a un salón muy amplio con cuatro puertas a su lado derecho y una baranda de hierro a su lado izquierdo.  Una de esas cuatro puertas podría llevarme a la salida, “Pensé yo en ese momento”, justo cuando un grito aterrador de la llorona penetro mi cuerpo hasta llegar a mis huesos.

CONTINUARA…   

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