
Las chicas del Happy Boy esperaron a que se fueran las mujeres que agredieron a La Americana para ayudarle. La levantaron del suelo, la cubrieron con un mantel que agarraron de una mesa y le ayudaron a entrar a una habitación para que se bañara. Después de ese incidente, La Americana jamás volvió al Happy Boy. El hombre que había bailado con La Americana tampoco regreso y en el pueblo se esparció el rumor de que su esposa le había pegado dejándolo con un ojo morado. Desde entonces cuando un hombre se niega a ir a una fiesta con sus amigos, se popularizó decir, “No vas a fiestas porque te pega tu mujer. Y si te vas sin pedirle permiso, al regresar a tu casa te pone el ojo morado.”

Yo no enseño religión, tampoco profeso perfección ni santidad. Pero si me gusta compartir aspectos conceptuales y educativos que nos ayuden a obtener progreso espiritual, económico, profesional, académico o que nos ayuden a obtener satisfacción personal y felicidad en cualquier circunstancia que estemos viviendo.
Los ojos de la Muñeca se abrieron enormemente, fascinados con el interior de la casa. Todo el primer nivel era una pista de baile con piso de cerámica color gris. Las paredes estaban pintadas de color lila y cubiertas por múltiples flores de colores brillantes. Del techo colgaban tiras plastias cubiertas de hojas verdes entrelazadas con luces de colores. En el centro de la pista una enorme bola giratoria cubierta de lo que parecían ser pequeños espejos de color dorado. A un costado estaba una barra donde se servían las bebidas alcohólicas. El extremo opuesto estaba dividido en un pequeño escenario y una pequeña plataforma para DJ con dos enormes bocinas. La pista de baile también estaba circulada por varias mesas y sillas donde las personas podían comer.

Esta es una frase muy común, yo la he escuchado decir por muchísimas personas. Yo mismo la he repetido innumerable cantidad de veces en forma de burla, excusa, incredulidad, desafío o simplemente para hacer enojar a alguien. Especialmente cuando bromeo con mis amigos o incluso cuando en mi época de estudiante alguien me decía, “Te voy a romper la cara a golpes”; yo respondía “Hasta no ver, no creer”.
Me han preguntado ¿Por qué no estoy publicando con la misma frecuencia? ¿Por qué estoy tan ausente de las diversas actividades en las que me gusta participar?

