
Que ironía de la vida… Tener que sonreír mostrando un rostro cubierto de escarlata, para no mostrar que mi corazón está roto y destrozado. Ya que solo así podre seguir ocultando la inevitable realidad que me presiona a vivir entre penumbras desde que tú te has marchado.






Dos meses han pasado desde que compartí lo que fue mi más reciente publicación. Mi computadora, el teclado y el escritorio están cubiertos de polvo. Parece mentira, pero cada vez que toco el teclado, el polvo se adhiere a mis dedos. Dejando huellas semi-empañadas por la densidad de los sentimientos adormecidos entre recuerdos y lágrimas, que despiertan suavemente de sueños casi olvidados en el tiempo.


