LA ALONDRA DE ORIENTE. (Parte V)

La luz del nuevo día comenzó a brillar sobre Jutiapa, disipando sombras de confusión y dolor con la calidez del sol, que energéticamente comenzó su ascenso sobre el cielo jutiapaneco.  Los pájaros comenzaron a cantar en sus nidos.  Las flores a esparcir su olor.  El viento frio de la mañana a mover las ramas de los árboles y el gallo de la vecina a llenar el ambiente con su canto.   Parecía que la luz del sol envolvía todo la que tocaba; como invitando a cada persona que se estaba preparando para salir a trabajar a sentir la perfección del nuevo día en su corazón.

Manuel sintió la necesidad de ir a la casa del niño que Alondra había agredido antes de irse a trabajar.  Así que se levantó de prisa y se fue antes que Hilda se despertara.  Manuel hablo con el papá del niño, que lo recibió de forma amigable.  Conversaron un rato y resolvieron la situación sin ninguna complicación para Alondra.  Pero la actitud de la mamá del niño fue tosca y áspera hacia Manuel.  También se negó a que Hilda y Alondra llegaran a su casa para pedir perdón.  La madre del niño expreso que no haría nada en contra de Alondra, con la condición de que no volviera a estar cerca de su hijo.

Manuel regreso a su casa y le conto todo lo ocurrido a Hilda, después se fue a trabajar.  Hilda fue con alondra a la escuela, para asegurarse de que todo estaba bien y de que nadie le haría daño a la pequeña.  Los maestros de la escuela ya se habían enterado de lo ocurrido.  Así que Alondra fue enviada directamente a la oficina del director.  Como consecuencia de lo que Alondra le hizo al niño fue expulsada de la escuela.

Hilda considero que la expulsión de Alondra había sido un castigo demasiado duro, considerando que la pequeña fue objeto de burlas desde que regreso otra vez a la escuela. Ese día fue uno de los más nefastos en la vida de Alondra, ya que marcaría para siempre su destino.

Ya era de noche cuando Manuel regreso a casa.  Hilda le conto la forma tan cruel en que Alondra fue expulsada, ya que le impidieron entrar a la escuela.  Una maestra la estaba esperando en la puerta principal bloqueando la entrada con sus brazos abiertos y simplemente le dijo, “Vete a la oficina del director.” En la oficina del director, ya tenían todos los papeles de inscripción en un folder.  Se los entregaron a Hilda diciéndole, “Alondra fue expulsada y esperamos que nunca regrese a esta escuela.”

 Manuel era comerciante y viajaba con frecuencia a otros pueblos a vender sus productos en las ferias locales y muchas veces permanecía varios días fuera de casa.  Hilda sugirió que lo mejor para Alondra seria que acompañara a Manuel en todos los viajes que realizaría por el resto del año, para que la pequeña se mantuviera alejada de la gente del pueblo por algún tiempo.  Alondra nunca había salido de Jutiapa.  Cuando escucho la idea de Hilda, se emocionó porque le daría la oportunidad de conocer otros lugares.  Esa emoción de felicidad que sintió le devolvió la alegría a su corazón. 

Manuel era un hombre de pocas palabras, muy trabajador, responsable en los asuntos familiares, cuidaba a su familia y amaba a su esposa.  Pero a pesar del amor que sentía por su familia, cuando Manuel se alejaba de Jutiapa para vender sus productos en las ferias de otros pueblos, normalmente se dejaba envolver por el ambiente de música, juegos divertidos y apuestas sin límites.

A Manuel le gustaba consumir bebidas alcohólicas y buscar la compañía de otras mujeres.  Siempre buscaba aventuras que le ayudaran a subir su adrenalina y en muchas ocasiones participo en peleas con otros hombres por culpa de alguna mujer casada.  En una de esas aventuras Manuel engendro a la pequeña Alondra y nunca la dejo desprotegida.  La visitaba con frecuencia desde que nació y dejaba dinero para todo lo que Alondra pudiera necesitar.

Muchos eran los pensamientos que llenaban la cabeza de Manuel en ese momento, mientras trataba de tomar una decisión.  Entonces Hilda le pregunto, “¿Que decides?  ¿Aceptas mi sugerencia?”

La voz de Hilda lo hizo reaccionar y moviendo la cabeza miro hacia donde estaba Alondra. Al ver que la carita de su hija se iluminaba otra vez con una sonrisa, Manuel pensó que la idea de Hilda funcionaria por lo que acepto inmediatamente.  Sin embargo, saco la cajetilla de cigarros que llevaba en la bolsa de su camisa, camino hacia la calle y se puso a fumar.  Dejando divagar sus pensamientos, pensando, ¿Como seria de allí en adelante su comportamiento fuera de Jutiapa con Alondra acompañándolo en todos sus viajes?…

 

CONTINUARA…

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