Julio 17 de 2018
¡Que emoción! Regresar a los ángeles california después de 28 años, me sentí sumamente feliz de recorrer sus calles y pasear por todos aquellos lugares que visité cuando era un adolescente.
¡Long Beach! Siempre estuvo en mi corazón. Y fue uno de los primeros lugares que visitamos. Mis ojos deslumbraban felicidad al
sentir el viento húmedo con olor a sal, tocando mi piel, humedeciendo mi rostro y llenando mi mente de recuerdos con imágenes de amigos, lugares, comidas y una adolescencia inolvidable. Una de las atracciones por la cual estábamos allí ese día era el paseo embrujado dentro del Queen Mary (Si, no me equivoque al decir EMBRUJADO). Éramos seis los que estábamos en el grupo: Mi amiga Aleida y su hija Sophie, mi esposa Marbel, mis hijas Amy y Dulce. Todos ansiosos por poder entrar al barco. (Esperamos hasta las 6:00 pm, porque a esa hora la entrada es GRATIS). Comenzamos nuestra travesía ascendiendo hasta el segundo piso (Estábamos buscando los baños). Debo decir que en el segundo piso esta la entrada al hotel y el cuarto de los baños públicos. El cuarto de baño me pareció sensacional; todo estaba en
silencio, con rechinidos de puertas que no se abren y sonido de agua saliendo de los grifos sin que caiga una sola gota de agua. No había nadie más que yo allí adentro, así que mi visita al baño fue extremadamente rápida, pero antes de salir tomé una foto (y cuando la mostré, todos se rieron de mí). Todos pensaron que estaba loco por tomarle una foto al cuarto de baño.

Cuando era niño vivía en un lugar llamado Pueblo Nuevo Suchitepéquez, (un pueblo pequeño) habitado en su mayoría por indígenas (casi todos descendientes mayas). Yo era un niño muy extrovertido (totalmente diferente a como soy actualmente). A pesar de mi corta edad ya sabía cómo elaborar pan; porque me gustaba pasar largas horas en la panadería que estaba detrás de la casa donde vivía. ¡Me gustaba mucho! Ayudar a hacer pan y especialmente cuidarlo cuando se estaba horneando, ya que su olor era fascinante para mí; a tal grado que podía pasar largas horas allí sin sentir cansancio. También disfrutaba mucho los largos paseos que daba por las calles del pueblo, cada vez que mi hermana (quien era mi tutora, porque vivía con ella y su esposo) salía para asistir a la escuela que estaba ubicada en otro pueblo cercano a donde vivíamos.

Columbus Day. 

Cada año en el mes de octubre nosotros los hispanos, nos aventuramos a recordar y celebrar nuestras raíces o lugares de origen. Representando con orgullo a nuestros países sin importar si tenemos una, dos, tres, cuatro o hasta cinco nacionalidades mescladas en la sangre. Vistiéndonos de colores representativos de los símbolos patrios de nuestros países; llenando de diversión todo nuestro entorno, y así mostrar la belleza que enmarca a nuestra tierra natal.
Se han imaginado alguna vez, ¿Como seria vivir en un mundo silencioso? Creo que más de alguno de nosotros ha experimentado el deseo por diferentes razones de querer callar a las personas para que no hablen o dejar de escuchar el ruido a nuestro alrededor, como también hemos olvidado momentáneamente el valor que tienen la familia, la salud de nuestro cuerpo, el tiempo que compartimos con nuestros seres queridos. Las personas que han perdido uno de sus sentidos han aprendido a agudizar y sentir más con el corazón lo cual les permite percibir el mundo desde una perspectiva más humana valorando todo lo que tienen a su alrededor. Si cada uno de los seres humanos aprendiéramos a reconocer que todo lo que nos rodea tiene un origen divino y aprendiéramos a dar gracias todos los días por el privilegio de vivir amando todo lo que hacemos y tenemos podríamos escuchar todos los sonidos a nuestro alrededor con alegría y gratitud.
Anoche me desperté llorando, porque soñé que tú te alejabas de mi y aunque parezca mentira; mientras dormía, como Julieta gritaba “Romeo, Romeo, donde estas que no te veo” ¡No te rías de mí! Porque fue una terrible pesadilla, pensar que te perdía.
Cuando leí el cuento de Fausto (Una historia muy original de un hombre que busca incansablemente la felicidad); me pareció SORPRENDENTE que encontrara esa felicidad tan anhelada, en el servicio que realizo en favor de otras personas. Y recordé, que cuando era un niño me aterraba la idea de crecer y perder el maravilloso mundo que me rodeaba, la compañía de mis padres, las bromas de mis hermanos, los juegos con mis amigos, las palabras llenas de ternura y la forma cariñosa con que ellos me hablaban.
A la luz de un farol ¡En penumbras! Sentado sobre una roca, aturdido y sin punto fijo, dirijo la mirada hacia el entorno vacío, envuelto en una inexplicable soledad ¡Soñando con volver a casa!

EL COPIADOR
Voy a pedirle a las estrellas ¡Una señal! Que me lleve hasta la tierra