COLORES DE OTONO EN PRIMAVERA (PARTE II)

OTONO-11Con el rostro pálido, las piernas temblando y sujetando firmemente la silla de bebe, se encontraba Susana frente a las puertas del hospital cuando su amiga Irene llego a buscarla para llevarla de regreso a su apartamento. La trágica noticia del desplome del trencito estaba resonando en todos los medios de comunicación, mientras en el corazón de Susana retumbaba como una explosión de angustia y miedo por lo que le hubiera podido ocurrir a su familia.

Tratando de calmar la visible preocupación de Susana, Irene le hablo con voz apacible, “No te angusties anticipadamente.  Iremos al lugar del accidente. Tú te quedaras esperando en el carro, mientras yo busco a tu familia.  Ya verás que ellos están bien, las noticias siempre exageran los acontecimientos.”

OTONO-12Sintiendo como su corazón de madre se oprimía dentro de su pecho, Susana presentía que algo malo le había ocurrido a su familia.

Cuando llegaron al lugar del accidente, la situación era caótica.  La policía tenía bloqueado el paso de vehículos, por lo cual Irene parqueo su carro a seis cuadras de distancia. Susana permanecía callada observando como su amiga se alejaba caminando en dirección hacia el lugar del accidente. Su cuerpo temblaba sintiendo que se quemaba por dentro con sentimientos de dolor, tristeza y angustia.

Abriéndose paso entre una aglomeración de personas desesperadas por tener noticias de sus familiares, Irene logro acercarse hasta donde estaban los paramédicos atendiendo a los heridos.  Con voz trémula le pregunto a un bombero que sostenía un listado de las personas que ya se habían identificado.  Después de revisar cuidadosamente la lista de nombres, el bombero le dijo a Irene que Juan y Nora no estaban inscritos entre los heridos.  Luego le explico cómo llegar a donde estaban las personas que no necesitaban atención médica y los cuerpos de los fallecidos.  Con la esperanza de que la familia de Susana se encontrara bien, Irene los fue a buscar donde estaban los que no necesitaban atención médica, pero tampoco los encontró allí. 

OTONO-15Entonces un escalofrío comenzó a recorrer el cuerpo de Irene, mientras con paso lento se dirigía hacia donde estaban los cuerpos de los fallecidos en el accidente.  Los vio tendidos sobre el pavimento de la carretera a un lado de todos los escombros de metal y cemento.  Aturdida por los diferentes ruidos a su alrededor Irene no comprendía lo que un bombero le estaba explicando.  Mientras le impedía seguir avanzando hacia los cuerpos de los fallecidos.  De repente los gritos de una mujer que lloraba inconsolablemente golpearon el cerebro de Irene, haciéndola reaccionar de tal forma que pudo comprender lo que el bombero decía, “Para acercarse a identificar algún fallecido, necesita ser pariente directo de la víctima y presentar una identificación que compruebe el parentesco, de lo contrario no puede acercarse a los cuerpos.”

Después de escuchar al bombero, Irene comenzó a caminar de regreso hacia donde había dejado el vehículo parqueado. Cuando llego, Susana estaba sumida en sus propios pensamientos, con los brazos cruzados como si estuviera orando. “Los busqué entre los vivos, pero no los encontré. Ahora te toca a ti buscarlos entre los muertos, porque a mí no me permitieron hacerlo.  Ya que no soy pariente directa de ninguno de ustedes. No te puedo acompañar porque me tengo que quedar a cuidar a la beba.” Dijo Irene, mientras algunas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

OTONO-10Susana giro la cabeza hacia donde Irene estaba, levanto la mirada y con una leve sonrisa en sus labios dijo, “No te preocupes yo voy a buscar a mi hija.” Seguidamente salió del carro.  Con paso firme, comenzó a caminar sintiendo que todo lo que la rodeaba desaparecía de su vista, mientras sus oídos se cerraban a todo el ruido que la envolvía.  Conforme se acercaba al lugar del accidente, los ojos de Susana captaban imágenes que se almacenaban en su cerebro como fotografías, pero sin procesar ningún tipo de sentimiento.  Todo a su alrededor era un torbellino de dolor, gritos, llanto y desesperación.  Sin embargo, Susana seguía ciega ante el dolor ajeno, sumergida en una burbuja de desolación que paradójicamente la mantenía caminando, siguiendo instrucciones, buscando entre los fallecidos y deseando no encontrar allí, los cuerpos de su nieta, Juan y Nora.

OTONO-14El corazón de Susana se quebró al percibir que su deseo no se cumplió, cuando el bombero que la acompañaba le pregunto, “¿Es esta su hija?”.  Susana no respondió.  Súbitamente cayo de rodillas al suelo.  Con su mano temblorosa acaricio el cabello de Nora.  Las lágrimas de sus ojos comenzaron a caer sobre los labios de su hija.  Luego con sorprendente fuerza sujeto los hombros de Nora; levantándola para acomodarla entre sus brazos y fundirse en un abrazo que detuvo el tiempo.  El aroma del perfume de Nora invadió todos los sentidos de Susana, liberándola de la opresión que estaba viviendo para dejarla en libertad de sufrir su dolor.  Desgarrándose por dentro Susana lloro inconsolablemente la muerte de su hija. El mundo entero se desvaneció en ese instante porque una parte de su vida misma se extinguió junto con la luz que iluminaba los ojos de Nora.

Durante los días siguientes, solo el cielo cubierto con colores de otoño al atardecer de esos días de primavera, fueron testigos fieles del sufrimiento silencioso que martirizo el corazón de susana durante el proceso del sepelio de Juan y Nora. 

OTONO-05El cuerpecito de su nieta recién nacida no apareció, los rescatistas encontraron la silla de bebe, la bolsa que contenía la ropa, pero no encontraron a la pequeña.  Las investigaciones continuaron pensando que la recién nacida podía aun estar entre los escombros.  Mientras la policía y los rescatistas se debatían en conjeturas acerca de lo que podía haber ocurrido con el cuerpo de la recién nacida.  Susana trataba de vivir con normalidad.  Ahora era responsable de su nieta, a la cual aún no le había dado un nombre.  Susana no se preocupa por la situación económica, ya que Juan a pesar de ser un hombre joven tenia un seguro de vida, donde Nora y ella eran las beneficiarias.  Como Nora ya no estaba, Susana era la única que tenía derecho a los beneficios de ese seguro.  Así que, lo pudo cobrar sin ninguna dificultad. 

Resuelta su situación económica, Susana se podía dedicar completamente a la crianza de su nieta. El segundo nombre de Nora era Mariana.  Invirtiendo las letras del segundo nombre se su hija, Susana decidió llamar a la pequeña, “Ana Maria”.   

OTONO-09Durante varios meses que se convirtieron en años, Susana acudió a la policía para preguntar sobre los resultados de la búsqueda del cuerpecito de su nieta, que se había perdido entre los escombros del fatídico accidente del trencito.   Hasta que un día de primavera, desde una ventana de su casa mientras observaba el cielo cubrirse con los colores del otoño al atardecer.  Susana decidió, “Ya no buscar más el cuerpecito de su nieta perdido en el accidente”, para dejar en el olvido los sucesos dolorosos y mantener vivos los recuerdos más hermosos de su familia en su corazón.  Así, podría dedicarse a crear nuevas memorias llenas de felicidad al lado de su nieta-hija, a quien simplemente llamaba “ANA”.

CONTINUARA…

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