LA ALONDRA DE ORIENTE. (Parte IX)

Alondra se acostó a dormir esa madrugada con una sonrisa en sus labios y gozo en su corazón.  La satisfacción que sentía por haber ganado el concurso de canto aceleraba sus pensamientos al recordar como el público le aplaudió con admiración y la ovaciono demostrándole respeto.  Alondra continuó despierta observando la luna a través de la ventana de la cabina del camión hasta que el cansancio la venció obligándola a quedarse profundamente dormida.

A la mañana siguiente Hilda fue a despertar a sus hijos que seguían dormidos y al abrir la puerta del camión, se escuchó un grito de dolor, “¡Hayyyyyy!”.  La expresión en el rostro de Hilda fue de asombro y su corazón comenzó a latir lleno de angustia.  Alondra estaba sujetándose del timón, mientras su cabeza estaba siendo jalada por su pelo que había sido trenzado y meticulosamente entrelazado con la manija de la puerta y la ventana.  Por eso cuando Hilda giro la manija, el peso de la puerta arrastro a Alondra hacia afuera del camión.

Al escuchar el grito de dolor, Manuel corrió hasta el camión y sostuvo entre sus brazos a Alondra mientras Hilda comenzó a desenredarle el pelo de las manijas.  Los hermanos de Alondra sintieron miedo y comenzaron a llorar al ver lo que estaba ocurriendo.

Después de que Alondra fue liberada, Hilda le deshizo las trenzas y le desenredo amorosamente el pelo.  Manuel los llevo a comer garnachas a un restaurante en el campo de la feria. Todos parecían felices.  Sin embargo, Alondra estaba asustada, Hilda nerviosa y Manuel preocupado.  Ellos sabían el nombre de quien había sido el autor de tan desagradable broma, pero ninguno dijo nada.  Todos realizaron un convenio de no comentar la situación a través de sus miradas y sin decir ninguna palabra, continuaron comiendo.

Esa noche al cerrar el puesto de ventas, todos durmieron debajo del mostrador donde colocaron más colchones.  Los días siguieron pasando sin ningún contratiempo y la gira continuo de forma normal tal como estaba planificada con la variante de que en cada uno de los pueblos Alondra interpreto varias canciones en la inauguración de todas las ferias a donde fue invitada para cantar.   Las personas comenzaron a conocerla como “La Alondra de Oriente”.  Y adonde quiera que se presentaba era recibida con admiración y respeto. 

Dos meses de vacaciones es poco tiempo, especialmente cuando te diviertes.  Así que Hilda se regresó a Jutiapa junto con sus dos hijos.  Manuel y Alondra continuaron viajando de pueblo en pueblo. Así transcurrieron otros tres años, en los cuales Alondra aprendió a desenvolverse artísticamente en los escenarios, mejoro sus actitudes vocales, aprendió a maquillarse y vestirse profesionalmente, obtuvo varios reconocimientos por sus participaciones e incremento su cuenta bancaria al ganar varios premios en efectivo.

Ya habían pasado varios años desde que alondra fue expulsada de la escuela y desde entonces Manuel no había vuelto a poner un puesto de ventas en la feria ganadera de Jutiapa.  El tiempo que duraba la feria en Jutiapa ellos preferían quedarse en casa, sin participar en ninguna de las actividades que se realizaban en el pueblo.  Sin embargo, eso iba a cambiar porque el comité de la feria fue a casa de Manuel para solicitarle que Alondra cantara el día de la inauguración.

Al principio Manuel estuvo en desacuerdo, “No quiero que Alondra cante el día de la inauguración.  Porque se arriesga a que la ofendan o la traten mal.” 

“No, nos corresponde a nosotros decidir si canta o no canta en la feria de Jutiapa. Es una decisión que Alondra tiene que hacer por sí misma”, dijo Hilda con inseguridad en sus palabras.

Alondra escuchó ambos comentarios y luego respondió, “Han pasado muchos años, sin embargo, creo que la gente de Jutiapa no ha olvidado lo que paso.  Yo tengo miedo de que me griten ofensas mientras este cantando.  No quiero pasar por esa vergüenza.”

Después de escuchar lo que Alondra dijo, Hilda se acercó a ella y la tomo de las manos, “Yo estaría de acuerdo si dijeras que no quieres, porque no te interesa cantar en la feria de tu pueblo.  Pero no estoy de acuerdo con tus razones.  Tú no tienes por qué sentirte avergonzada, tampoco debes tener miedo a lo que pueda suceder.  No se puede demostrar debilidad ante hechos que no han ocurrido.  Tampoco puedes privarte de vivir esa experiencia y quedarte encerrada en casa porque tienes miedo de enfrentar tus temores.  No debes actuar con cobardía ante una situación que te pone de frente a tu pasado, porque nada teme el que nada debe.”

Las palabras de Hilda disiparon las dudas de Alondra. Así que aceptó la invitación a cantar en la feria de su pueblo, con la firme convicción de que nada la detendría para demostrar que ella no era la niña desvalida y débil a la que todos señalaron como LA PREFERIDA DEL SOMBRERON, porque a través de los años se había vuelto fuerte y ganado su lugar como LA ALONDRA DE ORIENTE.

CONTINUARA…

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