EL CUARTO ESPIRITU DE LA NAVIDAD (Parte VI)

Aproximadamente había pasado una hora desde que Ebenezer regreso a su casa y se acostó a dormir, para que su cuerpo recuperara la fuerza física que necesitaba para seguir disfrutando del día de Navidad.  Cuando se despertó su Espíritu rebosaba de juventud y sus ojos tenían el brillo de la felicidad y la satisfacción que produce el ser honesto y generoso con las demás personas.  Parándose frente al espejo, Ebenezer hablo expresando alegría en sus palabras, “Me siento como un jovenzuelo, con todo el deseo de vivir mi vida y disfrutar de todo lo que me rodea, pero con sabiduría. Debo cuidar mi salud, si quiero vivir muchos años más.  Porque el espejo me recuerda, que, aunque mi Espíritu continua fuerte, vigoroso y joven, mi cuerpo se ha deteriorado con el paso del tiempo.  Pero eso no será impedimento para que mi actitud sea siempre positiva y mi carácter alegre.”

Luego se acomodo el sombrero y suspirando exclamo, “Oh, si los hombres aprendiéramos a vivir en libertad de forma ordenada, respetando a cada ser humano como se respeta a un hermano; nuestro mundo individual no se llenaría de constante conflicto.”

                El Espíritu de la Eterna Navidad percibió los sentimientos del corazón de Ebenezer y dijo, “Lo que necesitamos en este mundo es recordar constantemente que los seres humanos son viajeros temporales en esta vida terrenal.  Que cuando el cuerpo envejece y los años pasan, también los sueños, aspiraciones y obras realizadas se desvanecen con el tiempo.  Así que lo mejor es reír, disfrutar y vivir cada oportunidad que tengamos de compartir con nuestros seres amados.  Sirviendo con gozo en el corazón para coleccionar memorias inolvidables en lugar de coleccionar objetos que se acumulan y llenan de polvo almacenados en un rincón.”

                Ebenezer cerro los ojos, coloco una sonrisa en su rostro, apretó fuertemente su bastón.  Luego abriendo sus ojos dejo ver el brillo en sus pupilas y con satisfacción dijo, “Espíritu de la Eterna Navidad, ruego porque tu luz brille constantemente en mi corazón y se refleje en mis acciones.  Vamos a crear memorias que podre coleccionar en lo que me quede de vida, disfrutando con los seres que me aman.  Vamos a casa de mi sobrino Fred, es tiempo de retribuir el amor que siempre me expreso a pesar de mi amargura en el pasado; porque fui muy malo al alejarlo siempre de mí, haciéndome daño a mí mismo.”

                Entonces Ebenezer comenzó a caminar con paso firme.  Decidido a demostrar que había aprendido a vivir y disfrutar del privilegio de tener a su sobrino Fred, que fue el mejor regalo que su amada hermana Fan, le había otorgado en esta vida.

                Al llegar a casa de Fred, Ebenezer golpeo la puerta suavemente, titubeando un poco, porque se había puesto nervioso.  Cuando le abrieron la puerta, el dijo, “Vengo a buscar a mi sobrino Fred, por favor avísele que su tío Ebenezer esta aquí.”

                Ebenezer estaba sentado en el sofá de la sala, cuando Fred llego a su encuentro, “Cuando me dijeron que estabas aquí no podía creerlo.”

                Al ver llegar a Fred y tenerlo cerca, los ojos de Ebenezer se llenaron de lágrimas, su corazón comenzó a latir apresuradamente y todo su cuerpo se estremeció cálidamente.  Frente a el estaba la viva imagen de su muy recordada y amada hermana Fan.  Ebenezer quería expresar lo que sentía y abrazar a Fred, pedirle perdón, decirle que estaba dispuesto a cambiar y mejorar su relación de Tío-

Sobrino.  Y decirle que le permitiera ser un padre para él.  Sin embargo, se quedó callado, ahogado por el llanto retenido en sus ojos que obstaculizaban la salida de su voz; porque no sabía como expresar o decir lo que sentía.

Fred al no recibir respuesta de su tío, simplemente se acerco hacia Ebenezer y lo abrazo fuertemente. Mientras le decía al oído. “Tío Ebenezer la felicidad que tengo de tenerte en mi casa en tan grande que quiero decirte que no tienes que decir nada.  Dios me ha permitido cumplir uno de mis deseos recurrentes cada navidad.  Poder gozar de tu compañía no tiene precio.  Bienvenido Tío Ebenezer a tu casa, déjame presentarte a Clara, mi esposa.” 

Clara había permanecido en silencio observando el encuentro entre Fred y Ebenezer.  Conmovida por la escena dijo, “Bienvenido Tío Ebenezer.  Fred a esperado este momento durante casi toda su vida y yo estoy mu feliz de poder conocerle en persona ya que Fred me había hablado mucho de usted.  ¿Tío Ebenezer se quedará esta navidad a cenar con nosotros?”

Ebenezer, mirando de pies a cabeza a Clara dijo, “Eres muy hermosa, y sé que además de bella tienes un corazón dispuesto a amar y servir.  Si ustedes me lo permiten y no les incomoda mi presencia, me quedo a cenar y también a disfrutar de todos los juegos que organizan cada navidad, me quedo a brindar con ustedes, me quedo a vivir estas emociones recién despiertas en mi corazón, para convertirlas en sentimientos que permanecerán inalterables a través del tiempo.”

Clara camino hacia Ebenezer y mirando a los ojos de su esposo Fred, sonrió.  Luego Clara y Fred abrazaron a Ebenezer al mismo tiempo.  Ebenezer disfruto la cena como si fuera la primera vez que comía en su vida.  Todas las personas presentes le recibieron amablemente y lo hicieron participe de todos sus juegos.  Ebenezer rio, salto, grito, bailo y expreso todas las emociones contenidas en su corazón de una forma tan empática, que contagio con su alegría a todos los presentes.

 

CONTINUARA…

 

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