EL CUARTO ESPIRITU DE LA NAVIDAD (Parte I)

La primera vez que mire la película “Un cuento de Navidad”, era un niño de aproximadamente 8 años y me cautivo desde el comienzo hasta el final, pero me dejo con la sensación de que la película estaba incompleta porque a mi forma de pensar la película se termina de forma muy abrupta, simplemente con una breve explicación de lo que ocurrió el día de navidad y los años siguientes después de que Ebenezer cambiara su manera de ser.  Desde entonces hasta el día de hoy he esperado pacientemente por una segunda parte de la película y después de todos estos años me he cansado de esperar una segunda parte del famoso libro que nunca ha sido escrita, por lo que he decidido hacer mi propia versión del final de “Un Cuento De Navidad” y lo he titulado:

“El Cuarto Espíritu De la Navidad”,

                Después de haber sido sometido a enfrentar la realidad de su existencia por el espíritu de las navidades futuras, Ebenezer sentía que se desgarraba internamente por la intensidad de sus emociones al comprender que había desperdiciado gran parte de su vida trabajando arduamente en la acumulación de riquezas materiales con un solo pensamiento en su cerebro, “Aumentar su patrimonio económico”.  Con lo cual había perdido muchas oportunidades de vivir, disfrutar y acumular riquezas espirituales que lo hubieran hecho sentir muy feliz.  Los tres espíritus de la navidad que lo habían visitado le ayudaron a adquirir una perspectiva diferente de lo que es el amor a la vida y al prójimo, con lo cual Ebenezer aprendió que el trabajar arduamente con el único objetivo de acumular riquezas materiales carece de todo sentido y puede llegar a ser sumamente dañino, porque puede destruir el alma de aquellos que permiten que la avaricia se mude a vivir en sus corazones; de tal forma que los aparta de la felicidad verdadera al lado de todas las personas amadas.  Pero si la búsqueda de riquezas materiales se efectúa con el objetivo de ayudar y servir a quienes lo necesitan más que a nosotros mismos, la acumulación de riquezas se convierte en una bendición capaz de sanar heridas ocasionadas a través del tiempo. Transformando el hambre, el dolor y la miseria en sonrisas que alimentan el espíritu de cada ser humano, convirtiéndolos en luz que da vida a todo lo que le rodea.  Ebenezer aprendió que ambicionar y poseer riquezas materiales no es de ninguna forma dañino.  Lo malo es lo que hacemos o dejamos de hacer con esas riquezas si no las empleamos con sabiduría.  

El remordimiento por los errores cometidos hacia él mismo y el temor de no poder tener el tiempo suficiente para corregir, enmendar y restituir el daño que su avaricia había ocasionado en las personas que amaba; mantenían a Ebenezer tirado en el suelo, con los ojos cerrados y sumamente confundido al no saber si seguía vivo o ya estaba muerto.  En oposición al cansancio físico que sentía por no haber dormido toda la noche y que comenzó a apoderarse de su cuerpo, sus sentidos se despertaron al capturar los sonidos que provenían de la calle.  Entonces abriendo sus ojos se puso de pie y corrió hacia la ventana de su cuarto. Observo a través de los cristales que el día apenas estaba comenzando y que las personas seguían desarrollando su vida de forma normal. Así, que sin pensarlo abrió la ventana justo cuando un pequeño pasaba caminando enfrente de su casa y le grito, “Hey niño, ¿Qué día es hoy? 

El pequeño le miro asombrado y con expresión de duda le respondió, “Señor, hoy es 25 de diciembre, hoy es Navidad.”

Ebenezer no podía creer lo que escuchaba, estaba vivo y tenía la oportunidad de disfrutar del día de Navidad, que recién estaba comenzando.  Su Espíritu irradiaba felicidad, de tal forma que su cuerpo se fortaleció, la expresión de su cara se transformó en dulzura, su corazón se llenó de agradecimiento y gozo.  Entonces grito nuevamente, “Niño, ¿Sabes si no se ha vendido el pavo grande que tienen colgando en la tienda?”

Aun sin comprender la actitud de Ebenezer el pequeño contesto, “No, no se ha vendido señor; el pavo sigue colgando en la tienda y es el más grande que yo he visto en mi vida”

“Perfecto, puedes ir a buscar al dueño de la tienda y decirle que lo quiero comprar.  Si regresas rápido con el pavo y el vendedor, yo te pagare dos monedas”, le dijo Ebenezer al pequeño.  

Ebenezer se quedó un momento de pie frente a la ventana, viendo como el pequeño corría apresuradamente mientras dejaba sus huellas sobre la nieve.  Con una enorme sonrisa en los labios respiro profundamente el aire frio.  El cerebro de Ebenezer separo los aromas que respiraba y por primera vez después de muchos años todo su ser volvió a disfrutar de la esencia navideña dulce y perfumada que provenía de la calle.  Luego cerro la ventana y comenzó a caminar de regreso hacia su cama.  Olvidando el cansancio que sentía se cambió de ropa rápidamente, alistándose para salir de paseo.  Ebenezer estaba ansioso por recorrer las calles de su ciudad, deseaba escuchar los villancicos y comprar muchos regalos.  En ese momento llegaron el pequeño y el dueño de la tienda con un enorme pavo.

El dueño de la tienda se asombró al ver de quien se trataba la persona que había solicitado el pavo y con desconfianza en su voz pregunto, “¿Es usted el hombre que quiere comprar este pavo?”

Ebenezer sonrió, no necesitaba explicaciones del porqué de la actitud del dueño de la tienda, después de todo su reputación haría dudar a cualquier vendedor, “Si, soy yo”, luego extendiendo la mano le dio un papel con la dirección de Bob y el dinero del valor del pavo con una generosa propina.  “Podría llevarlo a esta dirección, y decirles que es un regalo de un amigo, pero no les diga mi nombre”

Feliz por la venta realizada y la propina recibida el dueño de la tienda afirmo, “Por supuesto que puedo.  Hare la entrega ahora mismo”.   

Ebenezer, entonces le dio tres monedas al pequeño, quien abriendo los ojos enormemente le dio las gracias, “Gracias señor y Feliz Navidad”. 

El pequeño salió corriendo, feliz de haber recibido tres monedas en lugar de las dos monedas que se le habían prometido.  Ebenezer se había vestido de gala.  Llevaba en su mano su mejor bastón y los bolsillos del pantalón llenos de dinero.  Sus ojos brillaban de felicidad y en rostro mostraba determinación por hacer lo correcto, mientras sus pensamientos evocaban a todas aquellas personas que los espíritus le habían mostrado.  Con paso firme y el corazón lleno de amor, Ebenezer comenzó a caminar sintiéndose completamente vivo y en armonía consigo mismo y con los demás en dirección a la tienda de regalos.

CONTINUARA…  

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