
Siénteme… Cada mañana al despertar como si fuera la cálida luz del nuevo día, que impetuosamente atraviesa los cristales de tu ventana para iluminar tu rostro, mientras suavemente acaricio tus labios para darte un beso.

Siénteme… Cada mañana al despertar como si fuera la cálida luz del nuevo día, que impetuosamente atraviesa los cristales de tu ventana para iluminar tu rostro, mientras suavemente acaricio tus labios para darte un beso.

Alrededor del mundo existe una diversidad muy grande de culturas que engalanan la belleza natural o prefabricada de cada país y que en muchos aspectos nos identifican o agrupan en áreas geográficas de forma específica. Por ejemplo, en Guatemala existe una costumbre muy antigua de decir “SALUD” cuando escuchamos a una persona estornudar. Y sé que en muchos países hispanos también existe esa costumbre, aunque no necesariamente se utilice la palabra SALUD cada vez que alguien estornuda.

En una relación de pareja indiscutiblemente siempre van a existir desacuerdos, enojos, reclamos, celos, confusiones, olvidos y probablemente reclamos o regaños. Cuando se discute un problema en pareja casi siempre se culpan uno al otro, porque en una relación de pareja se involucran sentimientos, emociones y pasiones que pueden impedir tener una conversación neutral que pueda ayudar a solucionar el conflicto sobre el cual se está dialogando.

Hay dolores que nos hacen gritar, golpear, gemir o retorcer. Y que se expresan abiertamente sin condiciones, ni restricciones. Sin importar opiniones, criticas o consejos. Ya que solamente queremos erradicarlos de nuestros cuerpos. Pero también hay dolores que se sufren en silencio, porque se rompió el lazo de amor, que físicamente nos mantenía unidos en un mundo personal casi perfecto.
Dos meses han pasado desde que compartí lo que fue mi más reciente publicación. Mi computadora, el teclado y el escritorio están cubiertos de polvo. Parece mentira, pero cada vez que toco el teclado, el polvo se adhiere a mis dedos. Dejando huellas semi-empañadas por la densidad de los sentimientos adormecidos entre recuerdos y lágrimas, que despiertan suavemente de sueños casi olvidados en el tiempo.
Yo no enseño religión, tampoco profeso perfección ni santidad. Pero si me gusta compartir aspectos conceptuales y educativos que nos ayuden a obtener progreso espiritual, económico, profesional, académico o que nos ayuden a obtener satisfacción personal y felicidad en cualquier circunstancia que estemos viviendo.

No sé cuantos de ustedes conocen la serie de dibujos animados de Pinky y Cerebro. Pero voy a utilizar la célebre frase inmersa en la trama de esa serie animada, que se dice en cada uno de los capítulos cuando Pinky pregunta, ¿Qué vamos a hacer hoy Cerebro? Y Cerebro responde, “Lo mismo que hacemos cada día… ¡Tratar de conquistar al Mundo!”. Una respuesta cómicamente efímera, pero con una profundidad ingobernable de sentimientos, anhelos, deseos, metas o propósitos a desarrollar en la vida.
Me han preguntado ¿Por qué no estoy publicando con la misma frecuencia? ¿Por qué estoy tan ausente de las diversas actividades en las que me gusta participar?
Una amiga me dijo, “Hace tiempo que no lo veo. ¿Está usted bien? Le pregunto porque lo veo triste, decaído y a sus ojos les falta la intensidad de la luz con la que solían brillar. Recuerde que usted tiene un potencial muy fuerte para lograr lo que se propone, así que si necesita llorar… Llore hasta que se sienta mejor.”
Una mescla agradable de olores a canela, manzana, hojas de plátano y condimentos que provenía de la cocina; interactuaba en forma armoniosa con el inconfundible olor a pino fresco, recién esparcido por todo el suelo de la casa, formando el mágico aroma de la NAVIDAD.

Sitting on an empty table, holding in my right hand a little bag full of coins, with my gaze fixed on the jukebox of the only canteen in my neighborhood. I was thinking about… what would be the next song I would select to listen to? While my heart was shaking and the blood in my veins was burning to the beat of the music. I was about nine years old and didn’t know the word shame. So, no matter what the drunks said, I sang at the top of my lungs following the musical notes of the song the jukebox was playing at that moment.