
Alrededor del mundo existe una diversidad muy grande de culturas que engalanan la belleza natural o prefabricada de cada país y que en muchos aspectos nos identifican o agrupan en áreas geográficas de forma específica. Por ejemplo, en Guatemala existe una costumbre muy antigua de decir “SALUD” cuando escuchamos a una persona estornudar. Y sé que en muchos países hispanos también existe esa costumbre, aunque no necesariamente se utilice la palabra SALUD cada vez que alguien estornuda.



Dos meses han pasado desde que compartí lo que fue mi más reciente publicación. Mi computadora, el teclado y el escritorio están cubiertos de polvo. Parece mentira, pero cada vez que toco el teclado, el polvo se adhiere a mis dedos. Dejando huellas semi-empañadas por la densidad de los sentimientos adormecidos entre recuerdos y lágrimas, que despiertan suavemente de sueños casi olvidados en el tiempo.
Yo no enseño religión, tampoco profeso perfección ni santidad. Pero si me gusta compartir aspectos conceptuales y educativos que nos ayuden a obtener progreso espiritual, económico, profesional, académico o que nos ayuden a obtener satisfacción personal y felicidad en cualquier circunstancia que estemos viviendo.

Me han preguntado ¿Por qué no estoy publicando con la misma frecuencia? ¿Por qué estoy tan ausente de las diversas actividades en las que me gusta participar?
Una mescla agradable de olores a canela, manzana, hojas de plátano y condimentos que provenía de la cocina; interactuaba en forma armoniosa con el inconfundible olor a pino fresco, recién esparcido por todo el suelo de la casa, formando el mágico aroma de la NAVIDAD.

