LA ALONDRA DE ORIENTE. (Parte VIII)

En los días siguientes, Hilda compro un vestido de largos encajes y listones de colores para Alondra.  Toda la familia participo en los preparativos del viaje.  Para Alondra ese viaje familiar dejo de ser parte de su rutina de ferias por visitar.  Ella sentía una emoción muy fuerte latiendo dentro de su cuerpo cada vez que recordaba que participaría en un concurso de canto. 

El día de salir de viaje llego y antes de que todos subieran al camión, Hilda se puso a rezarle a la Virgen Maria para que cuidara de ellos durante esos dos meses que estarían fuera de Jutiapa.  Manuel estaba feliz de tener la compañía de su esposa y a todos sus hijos en el camión. 

Al llegar al pueblo, los niños se fueron con Alondra a explorar el campo de la feria.  Hilda y Manuel armaron el puesto de venta y levantaron la cerca de alambre alrededor del espacio que se les había asignado.  Prepararon la cabina del camión para que durmieran sus tres hijos y ellos acomodaron un colchón debajo del mostrador para dormir como siempre lo hacía Manuel cuando viajaba solo con Alondra.

El día de la inauguración de la feria Alondra se quedó con sus hermanitos atendiendo el puesto de ventas.  Hilda y Manuel fueron a divertirse.  Se subieron a las ruedas.  Participaron de muchos juegos.  Comieron garnachas, elotes locos, bailaron, tomaron ponche de leche con piquete y se divirtieron juntos como no lo hacían desde hacía mucho tiempo.

 

Al tercer día de la feria se anunció el concurso de canto, que se realizaría a las 08:00 de la noche.  Manuel se quedaría atendiendo el puesto de ventas y cuidando de sus hijos más pequeños.  Hilda acompañaría a Alondra durante todo el tiempo que durara el concurso.   Eran las seis de la tarde cuando Hilda comenzó a maquillar y peinar a Alondra.  También le ayudo a ponerse el vestido nuevo y a colocarse los listones de colores en el pelo. 

Alondra estaba nerviosa pero muy feliz.  Con un fuerte abrazo le demostró a Hilda su gratitud y el amor que le tenía.   Alondra estaba bellísima, luciendo su hermosa figura entallada por los encajes de su vestido.  Su boca era una cereza en flor, dispuesta siempre a dibujar una sonrisa perfecta.  Sus ojos brillaban con la luz de su inocencia haciendo resplandecer todo su rostro.  

Cuando Alondra salió del puesto de ventas y comenzó a caminar por el campo de la feria parecía una princesa extraída con magia de las hojas encantadas de un cuento de hadas.  Por donde caminaba el viento se detenía, las miradas curiosas de las mujeres la asediaban mientras que los hombres suspiraban enajenados al ver tanta belleza.

Los movimientos naturales de su cuerpo, la sonrisa hechicera en sus labios, el brillo deslumbrante en sus ojos y el perfume que emanaba de su pelo, enardecieron a muchos en ese pueblo.

Varios participantes cantaron antes de que Alondra subiera al escenario.  El conductor la anuncio como la pequeña Alondra que venía del oriente.  Al escuchar su nombre, Alondra se sintió muy nerviosa y por un instante dudo de salir a cantar, pero la música comenzó a sonar y la vibración de las frecuencias comenzaron a penetrar su piel hasta encender su sangre.  Se aceleraron los latidos de su corazón despertando su amor por la música y su pasión para cantar.

Con la piel erizada, ella camino segura de sí misma hacia el centro del escenario, agarro el micrófono y dejo que sus cuerdas vocales resonaran las notas musicales a través de su canto.   Su voz motivo los gritos de alegría del público presente, los jueces del concurso estaban fascinados por el talento de Alondra para cantar, sus notas eran casi perfectas y no desafinaba.  Alondra bailaba suavemente contrastando con lo energético de su canto.  Su melodiosa pero potente voz viajo sobre el viento hasta llegar aun a los lugares mas oscuros del campo de la feria, donde despertaron el celo oculto de un camino negro.

Cuando termino de cantar el conductor la nombro delante de todos como “LA ALONDRA DE ORIENTE”. 

Alondra gano el concurso y recibió ofertas para cantar en las ferias de otros pueblos.  El premio para el primer lugar del concurso fue de Q.500.00 quetzales.  Alondra estaba muy feliz, muchas personas se acercaron a felicitarla.  Ya era casi la media noche cuando Hilda y ella regresaron al puesto de ventas donde Manuel las estaba esperando.

 

Después de recibir las felicitaciones de Manuel y de sus hermanos, Alondra se fue a la cabina del camión, donde comenzó a desvestirse para cambiarse de ropa sin percatarse de que unos ojitos perversos, con destellos lascivos la acechaban detrás de la cerca metálica…

CONTINUARA…

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