LA ALONDRA DE ORIENTE. (Parte VII)

              Por un instante la mirada de ambos se entrelazó fijamente.  Manuel no dijo nada al verse descubierto por Alondra.  La fuerte impresión que Alondra recibió al ver a su padre engañando a Hilda, provoco que su corazón se oprimiera lleno de decepción, envuelto en una desagradable acidez que carcomió todos sus sentimientos.

Calladamente Alondra soltó la cortina y camino de regreso hacia donde los niños estaban esperando por sus juguetes.  Levantando ambas manos sobre su rostro se limpió las lágrimas y con gran esfuerzo dibujo una sonrisa sobre sus labios para decirle a la familia que la estaba esperando, que ya no había más juguetes.

                Después de un rato Manuel se acercó a donde estaba Alondra y sin dar ninguna explicación comenzó a actuar como si nada hubiera pasado.  Los días siguientes fueron totalmente distintos, Manuel ya casi no permanecía en el puesto de venta durante el día, ya que regreso a vivir su vida de forma desordenada, jugando, bebiendo y paseando con mujeres.  De noche permanecía junto a Alondra ayudando en las ventas.  Parecía que se había liberado su forma de ser cuando fue sorprendido engañando a Hilda.

                La vida de Alondra se tornó sentimentalmente inestable de forma catastrófica; ya que se sentía culpable de ser cómplice de su padre al quedarse callada y no decirle nada a Hilda sobre las constantes aventuras que Manuel sostenía en los diferentes pueblos.  Cada vez que regresaba a casa después de haber estado ausente por varios meses, no podía evitar desviar su mirada hacia un punto distante donde la melancólica de sus ojos se perdía en el espacio ausente de la verdad al ser abrazada amorosamente por Hilda. 

Alondra no regreso a la escuela dejando por un lado sus estudios escolares y se convirtió en comerciante siguiendo la profesión de Manuel.  El tiempo que pasaban en Jutiapa era relativamente corto, comparado con todos los viajes que realizaban para poder vender sus productos en las ferias de los diferentes pueblos en Guatemala.

El tiempo continuo su ritmo regido por las agujas del reloj, mientras los meses se consumían como hojas secas que caen de los árboles cuando llega el invierno.  Los años fueron pasando de estación en estación y la primavera de la juventud se desbordo abundantemente al embellecer todos los atributos físicos de Alondra, enmarcando su rostro de forma sumamente atrayente para todos los que la miraban.

 

El día que Alondra cumplió diecisiete años, Hilda le preparo una fiesta.  Toda la familia estaba reunida alrededor de la mesa del comedor, cuando sorpresivamente Alondra se puso de pie y dijo, “¡Quiero confesarles algo a todos!”

Las palabras de Alondra hicieron palidecer el rostro de Manuel, que se quedó enmudecido por la incertidumbre de lo que su hija mayor quería decir.

Alondra suspiro profundamente tratando de sentir el valor que necesitaba para hablar.  Sin embargo, no pudo evitar cerrar los ojos y tartamudear un poco al decir, “Me inscribí en un concurso de canto, en la feria del próximo pueblo al que vamos a ir.”

Los hermanitos de Alondra gritaron de emoción.  Hilda comenzó a aplaudir.  Manuel respiro con tranquilidad.  Alondra continúo hablando de forma apacible después de haber sentido como su corazón regresaba a la normalidad, “Ustedes saben que me gusta cantar y me ha tomado mucho tiempo el decidirme.  Pero me siento lista para hacer lo que me gusta.”

“Tus hermanitos están de vacaciones, no tiene escuela por dos meses y hace mucho tiempo que nosotros no salimos como familia, así que en este viaje nos iremos todos para apoyarte en el concurso”, dijo Hilda muy feliz.  

En ese momento Manuel intervino, “Tú tienes una voz muy bonita y estoy seguro de que vas a ganar el concurso.  También estoy contento de que Hilda y tus hermanitos nos acompañen en este viaje, ahora vamos todos a comer que hoy estamos celebrando tu cumpleaños.”

El nerviosismo que Alondra sentía antes de contarles a todos sobre su participación en el concurso de canto desapareció al ver que su familia recibía la noticia con alegría y apoyaban su decisión de participar en el concurso de canto. Seguidamente Alondra volvió a suspirar, cerro sus ojos por un instante y cuando los volvió a abrir sus pupilas reflejaban el brillo de la ilusión que destella dentro de cada ser humano cuando comienza a materializar sus sueños, con la libertad de poder vivir su propia vida.

 

CONTINUARA…

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