Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE…

       Casi todas las historias románticas escritas terminan en el momento máximo de amor entre los protagonistas, como cuentos de telenovela o películas que crean estereotipos consagrados de lo que es el amor de pareja.

                En lo personal a mi me gustan mucho las historias románticas, especialmente las que terminan con la frase repetitiva de “Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE”.

   Yo siempre he pensado que las historias románticas no deberían de mostrar la realidad de la vida, porque pierden su esencia idealista sobre lo que es el amor.  Generalmente una buena historia comienza con la felicidad plena e independiente de cada uno de los protagonistas.  Luego continua con todos los obstáculos y problemas que se generan a su alrededor después de haberse conocido y enamorarse uno del otro.  Luego continua con el nacimiento del amor verdadero y la estabilidad emocional de la confianza y el respeto, para terminar sellando su unión en matrimonio y dedicarse a vivir felices eternamente dentro de la pantalla de un cine, una televisión o las ondas sonoras de la radio.  También debo decir que actualmente esos finales felices ocurren dentro de los teléfonos, tablas o computadoras a través de las redes sociales.

                No quiero que se formen una idea errónea por mi manera de expresarme con respecto a las historias románticas, porque les repito que a mí me apasionan las historias románticas.  Yo puedo pasar largas horas en un día lluvioso, una tarde soleada o simplemente recostado en mi cama disfrutando de las películas en The Hallmark Channel viendo como los hombres se convierten en superhéroes que como caballeros andantes luchan por el amor de la mujer que aman.

Pero como escribí anteriormente, no me gusta cuando las películas expresan la realidad de la vida, y en lugar de tener un final perfecto con “Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE”, muestran como los protagonistas después de sufrir y luchar por vivir juntos, envejecen y mueren porque a mi manera de pensar esos finales rompen con el encanto de la magia que producen los cuentos de hadas con finales felices que no tiene FIN.  

Claro está, que los finales felices perfectos se encuentran ejemplificados en todas las historias románticas, que despiertan el anhelo de muchos seres por encontrar el amor perfecto. Y que se esfuerzan día con día por mantener ese amor vivo a través de sus acciones, palabras y afectos.

Algunas personas establecen una relación personal con Dios individual y como pareja convirtiéndolo en el centro de su relación matrimonial. Encontrando un estado personal perfecto de gozo que les permite vivir y expresarse libremente para ser felices y hacer feliz a la persona amada. Dejándose guiar por preceptos sagrados y aprendiendo a caminar con fe en cada paso. De esta forma aprenden a tomar decisiones familiares con sabiduría.

Sin embargo, llegar a establecer una relación perdurable a través de los años es responsabilidad de ambos y no es una obligación que se tenga que cumplir por separado.  Cuando una persona decide sellar su unión en matrimonio, automáticamente decide también ser parte integral de la otra persona, sin ejercer falso dominio, sin intentar en ningún momento cambiar su manera de ser, sin restringir su derecho a elegir y respetando la forma de pensar, costumbres o diferencias culturales que son inherentes a cada ser humano.

 

Para que la frase “Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE”, se convierta en una realidad en nuestras vidas tenemos que aprender a ACEPTARNOS como somos y aprender a ACEPTAR a nuestra pareja como es.  Con todas las cosas que nos hacen diferentes uno del otro.  Pero llegar a la madurez del amor verdadero no es fácil, ya que se tiene que seguir luchando día con día, con los problemas y desavenencias que ocurren en nuestros hogares, aprendiendo que aceptación no significa RESIGNACION, y por eso debemos reconocer y corregir nuestros defectos como una muestra de amor hacia nuestra pareja. Reconocer cuando nos hemos equivocado, aprender a pedir PERDON y a PERDONAR.

Una forma de valorarnos mutuamente es aprender a derrumbar las barreras que el ORGULLO pueda establecer entre la pareja evitando RECRIMINAR los errores cometidos, porque todos nos podemos equivocar, pero el PERDON y el OLVIDO pueden sellar las grietas que en el camino el AMOR haya sufrido. 

 

Debemos basar la convivencia continua en el RESPETO mutuo, mantener el ROMANTICISMO de forma continua con pequeños detalles que nos hagan sentir amados y compenetrados en un mismo destino.  Luchar con VALOR y FIDELIDAD por vencer a los dragones que quieran separarnos.  APRENDER a sonreír y decir TE AMO cada vez que veamos nuestro reflejo en los ojos de nuestra pareja.

 

El amor se fortalece cuando aprendemos a AGRADECER, CONFIAR y SOSTENER las aspiraciones y triunfos de la persona amada, sin celos ni egoísmo; convirtiéndonos en parte indispensable de todos sus sueños por realizar.

 

 

 

Y finalmente VIVIR FELICES PARA SIEMPRE cada día cuando damos lo mejor de nosotros mismos y expresamos todo lo que sentimos, si miedo, sin complejos y con la pureza del amor verdadero como al final de las películas románticas A TRAVES DE UN BESO. 

 

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Blog at WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: