COLORES DE OTOÑO EN PRIMAVERA (PARTE IV)

IMG_0599Susana observaba el reloj constantemente.  Ya habían pasado diez minutos después de la hora de salida de la escuela y Ana no salía.  Pasaron diez minutos más y Susana comenzó a desesperarse.  Algo no estaba bien, Ana podría retrasarse dos o tres minutos, pero veinte minutos de atraso era algo inusual.  Susana busco donde parquear el carro y comenzó a caminar hacia la oficina de la escuela.  Estaba nerviosa pensando que podría haber ocasionado el retraso de Ana.  Justo cuando Susana se disponía a hablar con la secretaria, escucho la voz de Ana, “Susana, ya estoy aquí ¿Nos vamos a casa?”.

OTONO-19Susana la observo de pies a cabeza, seguidamente sin decir nada la abrazo fuertemente y ambas se fueron a donde estaba el carro parqueado.  Cuando ya estaban adentro del carro Susana pregunto, “¿Qué ocurrió? ¿Por qué te tardaste tanto en salir de la escuela? ¿Tu estas bien?”

Con mucha alegría reflejada en su rostro Ana respondió, “Yo estoy bien y no me tarde mucho.”

Sin comprender la actitud de Ana, Susana continúo hablando, “Esa no es una buena explicación, al menos ¡No para mí! Me preocupe mucho al no verse esperándome a la salida de la escuela.  Tu siempre tan puntual y con muchas ansias por regresar a casa.  ¿Explícame cual fue el motivo de tu retraso?”

Ana respiro profundamente antes de responder, “¿Quieres una excusa, una mentira o la verdad del porque me tarde tanto en salir de la escuela?”

“¡No seas insolente Ana!” Replico Susana con tono de voz alto.

OTONO-26Con una sonrisa en sus labios Ana dijo, “No soy insolente.  Estoy feliz y quiero darte la respuesta que tu quieras escuchar para que tú también te sientas feliz.  Entonces ¿Quieres la verdad, una excusa o una mentira que justifique mi retraso?”

Sintiendo que Ana se estaba burlando de ella, Susana respondió “Dime la verdad”.

Nuevamente Ana respiro profundamente antes de responder, “Estaba con Eduardo, es un chico que está en el onceavo grado.  Solo estábamos platicando.  Eduardo me gusta mucho y creo que por eso no me di cuenta del tiempo que paso después de la hora de salida.”

La respuesta de Ana produjo una sensación de frio en todo el cuerpo de Susana.  No podía ser cierto que a Ana le gustara un muchacho.  Para Susana, Ana todavía era su pequeñita, su niña, la razón de su existencia, el centro de su universo y las palabras de Ana eran como duros golpes que recibía en su corazón.  Ya que le estaba resultando muy difícil aceptar que su niña ya había crecido.

OTONO-27Sin decir nada Susana encendió el carro y comenzó a manejar de regreso a casa.  Su cerebro estaba agobiado por sus propios pensamientos.  Se negaba a aceptar la realidad de que algún día Ana, se enamoraría, se casaría y se iría de casa. Estaba tan absorta en sus propios pensamientos que no escuchaba nada de lo que Ana seguía diciendo.

Cuando llegaron a su casa, Susana sirvió la comida mientras decía con tono triste, “Creo que no voy a continuar con las clases de zumba a menos que me pueda inscribir en otro horario. No me gusta que viajes en el bus de la escuela los jueves.”

Ana respondió con enojo, “Los jueves yo continuare regresando a casa en el bus de la escuela, porque me da la oportunidad de pasar más tiempo con Eduardo.  ¡Y no tengo hambre!”  

La rebeldía que Ana demostraba desconcertó a Susana, “¿Por qué te enojas, cuando la enojada debería ser yo?”

OTONO-25“Te pedí que lleváramos a Eduardo de regreso a su casa.  Pero tú me ignoraste. Eduardo perdió el bus por estar conversando conmigo. Yo fui buena contigo al decirte la verdad.  Así que tú no puedes ser mala conmigo.” Respondió Ana, imaginando a Eduardo parado a la salida de la escuela, solo y sin nadie que lo pudiera llevar a su casa.

El resto del día Ana se encerró en su habitación.  Susana se dedicó a observar las fotografías de su Hija Nora y Juan.  Los ojos de Susana derramaban lagrimas provenientes de su corazón; provocadas por heridas que no cicatrizarían jamás.  El dolor por la pérdida de su hija permanecía latente dentro de su alma, oculto de la mirada de la gente, ahogado en el tiempo o disfrazado entre recuerdos.  Mientras observaba las fotografías, Susana reflexiono acerca de la situación y decidió que no permitiría que su miedo a quedarse sola fuera un impedimento a la felicidad de Ana.

Al día siguiente, cuando Ana se bajaba del carro para entrar a la escuela Susana le dijo, “Pregúntale a Eduardo si quiere ir a comer helado con nosotras después de la escuela.  Si Eduardo responde que sí, dile que yo lo llevare de regreso a su casa.”

Ana se quedó estática unos segundos después de escuchar a Susana.  Seguidamente le respondió con una enorme sonrisa, “Si Eduardo responde que no, yo tratare de convencerlo y si no lo logro, lo traeré a la fuerza.”

Entonces ambas comenzaron a reír.  Cualquier tensión que hubiera estado presente entre ellas se disipó instantáneamente.  Prevaleciendo la comprensión y el amor.  El corazón de Ana palpitaba con la fuerza de la juventud y la emoción de sentirse enamorada.

OTONO-28Ana y Eduardo aprovechaban cada tiempo libre para encontrarse adentro de la escuela.  Convirtieron el jueves en su día favorito.  El bus escolar se convirtió en su cómplice, ya que les permitía entre bromas, risas y conversaciones tontas acariciarse con la mirada, sintiendo tenues descargas eléctricas con el rose de sus manos.  

Un jueves Eduardo le propuso a Ana, que no regresaran a sus casas en el bus escolar.  Eduardo le dijo que podían caminar, que no se preocupara que el la acompañaría hasta su casa.  Durante el trayecto, llegaron a un parque donde decidieron descansar un rato, sentándose sobre una banca.  El viento soplaba suavemente.  Los pájaros cantaban.  A lo lejos se escuchaba la risa de unos niños que jugaban.  Los ojos de ambos se encontraron, Ana pensaba que se perdería en el lago de miel, donde se veía reflejada dentro de los ojos de Eduardo.  Mientras Eduardo no pensaba en nada sintiéndose atrapado y sin voluntad propia sumergido en el verde esmeralda de los ojos de Ana.

OTONO-29El ambiente fue perfecto, lentamente se fueron acercando uno al otro.  El tiempo se detuvo y el mundo dejo de existir cuando ambos se fundieron en un tierno beso, sin lascivia ni perversión, donde solo existía puro amor. Era la primera vez que ambos experimentaban lo que era dar y recibir un beso.  Sintiendo el cosquilleo intermitente en los labios ocasionado por el rose de los labios de la persona amada. Sensación que invadió todo el cuerpo de Ana, como la efervescencia de una Alkaseltzer al hacer contacto con el agua.

Ana aun tenía los ojos cerrados cuando Eduardo le pregunto, “¿Ana quieres ser mi novia?”

Con la respiración pausada.   Ana lentamente abrió sus ojos.  Provocando la paralización de todos los sentidos de Eduardo con su respuesta, “¡No! No quiero ser tu novia.  Quiero ser tu esposa.  ¿Eduardo te quieres casar conmigo?”

CONTINUARA…

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