
Siénteme… Cada mañana al despertar como si fuera la cálida luz del nuevo día, que impetuosamente atraviesa los cristales de tu ventana para iluminar tu rostro, mientras suavemente acaricio tus labios para darte un beso.

Siénteme… Cada mañana al despertar como si fuera la cálida luz del nuevo día, que impetuosamente atraviesa los cristales de tu ventana para iluminar tu rostro, mientras suavemente acaricio tus labios para darte un beso.

Alrededor del mundo existe una diversidad muy grande de culturas que engalanan la belleza natural o prefabricada de cada país y que en muchos aspectos nos identifican o agrupan en áreas geográficas de forma específica. Por ejemplo, en Guatemala existe una costumbre muy antigua de decir “SALUD” cuando escuchamos a una persona estornudar. Y sé que en muchos países hispanos también existe esa costumbre, aunque no necesariamente se utilice la palabra SALUD cada vez que alguien estornuda.

En una relación de pareja indiscutiblemente siempre van a existir desacuerdos, enojos, reclamos, celos, confusiones, olvidos y probablemente reclamos o regaños. Cuando se discute un problema en pareja casi siempre se culpan uno al otro, porque en una relación de pareja se involucran sentimientos, emociones y pasiones que pueden impedir tener una conversación neutral que pueda ayudar a solucionar el conflicto sobre el cual se está dialogando.

Hay dolores que nos hacen gritar, golpear, gemir o retorcer. Y que se expresan abiertamente sin condiciones, ni restricciones. Sin importar opiniones, criticas o consejos. Ya que solamente queremos erradicarlos de nuestros cuerpos. Pero también hay dolores que se sufren en silencio, porque se rompió el lazo de amor, que físicamente nos mantenía unidos en un mundo personal casi perfecto.

Estamos llegando al final del año dos mil veintitrés y en Estados Unidos de Norteamérica se aproxima el día de Acción de Gracias. Celebración que resulta ser el preámbulo a las festividades navideñas. Pero ¿Cuántos de nosotros estamos felices con la vida que tenemos? o quizás debería preguntar ¿Cuántos de nosotros nos estamos preparando para disfrutar de la época del año con mas amor, paz y buena voluntad en el mundo entero?
Dos meses han pasado desde que compartí lo que fue mi más reciente publicación. Mi computadora, el teclado y el escritorio están cubiertos de polvo. Parece mentira, pero cada vez que toco el teclado, el polvo se adhiere a mis dedos. Dejando huellas semi-empañadas por la densidad de los sentimientos adormecidos entre recuerdos y lágrimas, que despiertan suavemente de sueños casi olvidados en el tiempo.

En el libro de los Hechos de los apóstoles, en el capítulo 17, hay una anécdota o relato que Pablo nos cuenta acerca de lo que predicó en Atenas y de una inscripción que le llamo fuertemente la atención “AL DIOS NO CONOCIDO”. Quizás hayamos tenido la oportunidad de leer este relato con anterioridad, pero tal vez no le hemos dado la atención que merece, o descubierto la importancia que tiene esa frase. Y probablemente sin darnos cuenta hemos omitido descubrir el misterio que contiene o aprovechado la grandísima invitación que se nos brinda para conocer al “DIOS NO CONOCIDO”.

Cuando las personas comienzan a decir que fueron muy felices en el pasado o a relatar anécdotas de lo que vivieron en su niñez, casi siempre terminan llorando nostálgicamente por lo que consideran fue el mejor tiempo de su vida. Normalmente las escucho sin interrumpir y cuando se quedan calladas derramando lagrimas amargas, les pregunto ¿Te gustaría hacer un viaje al pasado? Al escuchar la pregunta generalmente se liberan y lloran con mas fluides. Luego recibo algunas de las respuestas mas comunes, “Si, pero es imposible.” “Si, pero no se puede.” Mientras me observan con incredulidad o esperando a que mágicamente los transporte al pasado para que puedan volver a encontrar la felicidad que anhelan y que se quedo perdida en su mundo de antaño.

Las chicas del Happy Boy esperaron a que se fueran las mujeres que agredieron a La Americana para ayudarle. La levantaron del suelo, la cubrieron con un mantel que agarraron de una mesa y le ayudaron a entrar a una habitación para que se bañara. Después de ese incidente, La Americana jamás volvió al Happy Boy. El hombre que había bailado con La Americana tampoco regreso y en el pueblo se esparció el rumor de que su esposa le había pegado dejándolo con un ojo morado. Desde entonces cuando un hombre se niega a ir a una fiesta con sus amigos, se popularizó decir, “No vas a fiestas porque te pega tu mujer. Y si te vas sin pedirle permiso, al regresar a tu casa te pone el ojo morado.”
Yo no enseño religión, tampoco profeso perfección ni santidad. Pero si me gusta compartir aspectos conceptuales y educativos que nos ayuden a obtener progreso espiritual, económico, profesional, académico o que nos ayuden a obtener satisfacción personal y felicidad en cualquier circunstancia que estemos viviendo.