Después de haber experimentado una extraña sensación al escuchar la voz de alguien que no estaba allí conmigo, mire hacia el cielo. El sol ya comenzaba a disminuir su intensidad, las nubes a perder su color brillante y el viento a anunciar que la noche estaba por comenzar. Entonces regresé al interior de la casa; el dueño estaba en la sala esperando por mí, acercándome un poco le dije: – ¡La casa me gusta! Pero no puedo pagar la renta mensual y en este momento no tengo el dinero total para dar un depósito de seguridad. Gracias por su tiempo, pero no puedo rentar la casa.
