Con el rostro pálido, las piernas temblando y sujetando firmemente la silla de bebe, se encontraba Susana frente a las puertas del hospital cuando su amiga Irene llego a buscarla para llevarla de regreso a su apartamento. La trágica noticia del desplome del trencito estaba resonando en todos los medios de comunicación, mientras en el corazón de Susana retumbaba como una explosión de angustia y miedo por lo que le hubiera podido ocurrir a su familia.
Tratando de calmar la visible preocupación de Susana, Irene le hablo con voz apacible, “No te angusties anticipadamente. Iremos al lugar del accidente. Tú te quedaras esperando en el carro, mientras yo busco a tu familia. Ya verás que ellos están bien, las noticias siempre exageran los acontecimientos.”

Con una sonrisa en los labios despertaba Alondra, enamorada por primera vez, sintiendo que su pecho ardía de felicidad. La noche anterior había sido muy emotiva. Su voz había cautivado al público de Jutiapa que le aplaudió cada una de sus interpretaciones.
En los días siguientes, Hilda compro un vestido de largos encajes y listones de colores para Alondra. Toda la familia participo en los preparativos del viaje. Para Alondra ese viaje familiar dejo de ser parte de su rutina de ferias por visitar. Ella sentía una emoción muy fuerte latiendo dentro de su cuerpo cada vez que recordaba que participaría en un concurso de canto.