
Como hispano que soy, sigo la creencia latina de que los gatos tienen siete vidas. Aunque en otras culturas se sugiere que los gatos tienen seis o nueve vidas. Lo cual a desencadenado una serie de historias míticas, malévolas, de buena o mala suerte y hasta de reencarnación alrededor del mundo a través de los siglos de existencia humana. Pero según la ciencia, el misticismo de las siete vidas de un gato se explica por la sorprendente agilidad corporal, posición anatómica y sus múltiples habilidades de supervivencia que le ayudan a superar situaciones peligrosas.

En un sentido figurado los humanos somos como los gatos, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos incontables vidas que comienzan y terminan en cada etapa superada, ya sea emocional o física. Y para esclarecer este punto me gustaría tomar como ejemplos, “Nuestra vida infantil. Nuestra vida estudiantil. Nuestra vida amorosa. Nuestra vida familiar. Nuestra vida social, Nuestra vida matrimonial. Nuestra vida profesional. etc.…”
En mi vida infantil crecí escuchando frases célebres como: “Acordaos hermanos que un Alma tenemos, y si la perdemos no la recobramos”. Una frase con un extraordinario significado que se escuchaba por las calles antiguas de Guatemala y que fue gritada e inmortalizada por el Santo Hermano Pedro de Betancour. – “CUIDADO!!! Que la vida no es cola de garrobo”. Esta frase era una advertencia para alejarnos del peligro. – “Una vida tenemos y hay que disfrutarla o aprender a vivirla”. Esta frase nos invita a elegir con prudencia para no sufrir duras consecuencias.
A pesar de que los humanos tenemos la capacidad de Pensar antes de Actuar, en muchas ocasiones simplemente reaccionamos emocionalmente a los problemas o conflictos que estemos afrontando a lo largo de nuestra vida terrenal. Lo cual es totalmente opuesto a como los gatos enfrentan una situación conflictiva o peligrosa. Ya que ellos utilizan todas sus habilidades para salir triunfantes y así superar las dificultades que estén enfrentando.
Si los humanos pudiéramos combinar el conocimiento que hemos podido adquirir con nuestras habilidades y fortalezas; al mismo tiempo que activamos nuestro sentido de supervivencia. Podríamos de una manera mas eficiente superar situaciones dolorosas en nuestro presente y así mitigar el daño ocasionado a nuestra vida terrenal por factores externos, o por decisiones equivocadas que nos estén afectando física o emocionalmente.

Se dice que cada vez que un gato supera una situación de inminente peligro, pierde una de sus siete vidas. Pero yo creo que cada vez que un ser humano supera una situación de inminente peligro, por muy doloroso que sea el proceso vivido, no pierde una parte de su esencia. Por el contrario, se hace más fuerte al desarrollar la capacidad de enfrentar el dolor o el desamor con valentía. Haciendo uso de todas sus habilidades de supervivencia para no perderse en una ingobernable agonía.
Y aunque es imposible no sentir dolor ante una herida física, como imposible es no sentir dolor en el corazón cuando le decimos a alguien a quien amamos, “Adiós”. Tampoco es imposible comenzar una nueva vida. Una vida llena de memorables recuerdos con resiliencia en el corazón para continuar nuestro paso en esta tierra con la fe absoluta de que, si nos esforzamos y damos lo mejor de nosotros mismos, “Mañana todo será mejor…”


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