
Cuando las personas comienzan a decir que fueron muy felices en el pasado o a relatar anécdotas de lo que vivieron en su niñez, casi siempre terminan llorando nostálgicamente por lo que consideran fue el mejor tiempo de su vida. Normalmente las escucho sin interrumpir y cuando se quedan calladas derramando lagrimas amargas, les pregunto ¿Te gustaría hacer un viaje al pasado? Al escuchar la pregunta generalmente se liberan y lloran con mas fluides. Luego recibo algunas de las respuestas mas comunes, “Si, pero es imposible.” “Si, pero no se puede.” Mientras me observan con incredulidad o esperando a que mágicamente los transporte al pasado para que puedan volver a encontrar la felicidad que anhelan y que se quedo perdida en su mundo de antaño.

La aguja del reloj se mueve contante e invariablemente siguiendo su ritmo pausado, mientras que a cada segundo marcado va convirtiendo el tiempo presente, “EN PASADO”. Y nunca se detiene… A menos que la fuente de energía que lo impulsa a seguir trabajando, se consuma con el ritmo acelerado de su propio trabajo, hasta dejar de funcionar por el descaste ocasionado con los años.