Susana observaba el reloj constantemente. Ya habían pasado diez minutos después de la hora de salida de la escuela y Ana no salía. Pasaron diez minutos más y Susana comenzó a desesperarse. Algo no estaba bien, Ana podría retrasarse dos o tres minutos, pero veinte minutos de atraso era algo inusual. Susana busco donde parquear el carro y comenzó a caminar hacia la oficina de la escuela. Estaba nerviosa pensando que podría haber ocasionado el retraso de Ana. Justo cuando Susana se disponía a hablar con la secretaria, escucho la voz de Ana, “Susana, ya estoy aquí ¿Nos vamos a casa?”.
