Con el rostro pálido, las piernas temblando y sujetando firmemente la silla de bebe, se encontraba Susana frente a las puertas del hospital cuando su amiga Irene llego a buscarla para llevarla de regreso a su apartamento. La trágica noticia del desplome del trencito estaba resonando en todos los medios de comunicación, mientras en el corazón de Susana retumbaba como una explosión de angustia y miedo por lo que le hubiera podido ocurrir a su familia.
Tratando de calmar la visible preocupación de Susana, Irene le hablo con voz apacible, “No te angusties anticipadamente. Iremos al lugar del accidente. Tú te quedaras esperando en el carro, mientras yo busco a tu familia. Ya verás que ellos están bien, las noticias siempre exageran los acontecimientos.”

A tu vida estoy atado… Como si el cordón umbilical nunca hubiera sido cortado.